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Hombres ridículos

domingo 16 de diciembre de 2012  

Este es un mundo para rápidos y yo soy lenta. Lenta para pillar algunos chistes, por ejemplo. Lenta para captar el guiño sociológico de una campaña publicitaria, por ejemplo. He sido lenta para percibir que el anuncio de la marca de ropa Desigual, en el que una chica se prueba modelitos provocativos frente al espejo para acabar diciendo que el tío que se piensa tirar sí-o-sí es su jefe, tiene un mensajito envuelto en su absoluta frivolidad. Por lo que leo, el mensajito que nos deja semejante bombón es que no solo son ellos los que tienen un deseo sexual irreprimible, etcétera. Jamás habría llegado yo sola a esta conclusión. Me han ayudado entre blogs y redes sociales. A no ser que un anuncio sea exasperante, soy de ese tipo de espectadores que van a lo que van. ¿Anuncias ropa? Enséñame la ropa. Al resto no le voy a hacer demasiado caso. De aquel célebre anuncio de Loewe en el que unos pobres jovenzuelos quedaban como descerebrados me quedó una idea: imposible vender lujo de manera tan cutre. Aparecieron teóricos argumentando que lo que busca la publicidad, por encima de todas las cosas, es que una marca ande de boca en boca. Ese lugar común de “que hablen de ti aunque sea mal”. Baratijas de experto.

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Discrepar Es Pecado

domingo 9 de diciembre de 2012  

Lo que le ha pasado a la actriz Carmen Machi es un ejemplo de cómo en España se castiga siempre la libertad de criterio. Ella firma un manifiesto entendiendo que así expresa su voluntad de tender un puente con Cataluña y alguien se apresura a definirla como enemiga de un pueblo, aprovechando que la actriz representa en estos días un monólogo en el Teatro Lliure. No sé si a eso se le llama boicot, pero, dado lo caldeado que está el ambiente, animar a los tuyos a no acudir a un espectáculo por considerar a una cómica contraria a la voluntad popular se parece bastante. Afortunadamente, Lluís Pasqual, el director del teatro, reaccionó y recondujo el asunto; dejando a un lado que la pequeña gran Machi despierta simpatías tan abiertas que tras el incidente ha conseguido que el aplauso del público se vuelva aún más cerrado. Pero este ejemplo nos debiera alertar de cómo el ambiente que respiramos se está volviendo más agresivo por momentos. La ira del desesperado, del que ha perdido casa o trabajo y derechos debe encontrar nuestra comprensión, pero qué legitimidad tiene el que trata de socavar la honorabilidad de otro simplemente por discrepar. ¿Discrepar es un delito? Si nos acostumbramos a que el país funcione a golpes de juicios tuiteros, sin medir el daño que provocamos, se convertirá en pecado. Un tribunal moral compuesto por ciudadanos iracundos con pocos escrúpulos y sin dos dedos de frente.

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Una Pequeña Venganza

domingo 2 de diciembre de 2012  

Es sabido que los seguidores más fieles de los medios de comunicación son los de la radio. Aunque no se diga, esa fidelidad está relacionada con la manera en que nos relacionamos con el mando. Mientras lo visual y el mando a distancia propician que el usuario vaya cambiando compulsivamente de canal, la radio, que consiste en amar una voz concreta, familiar, que rompa el silencio o haga más llevadera la soledad, la radio, digo, suele estancarse en un punto del dial y no moverse en años.

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Feos en la Calle

domingo 25 de noviembre de 2012  

No hay manera de zafarse de esta realidad. Es la que nos ha tocado en suerte. ¿No queríamos emociones? ¡Toma ya, momento histórico! Creíamos que la única forma de agitar las caducadas ideologías era desempolvar los rencores de nuestra guerra. No sabíamos, ay, lo que nos deparaba el futuro. Y esto es ya el futuro. El futuro implacable que llama a diario a los que tenemos algún tipo de tribuna pública. Son los lectores los que se están encargando de ponernos al cabo de la calle. EL ARTICULO SIGUE AQUI >>

 

Hacer los Deberes

domingo 18 de noviembre de 2012  

Hay días en que la cabeza me revienta de escuchar tantos debates. Desayuno con la radio. Y ahí están, los polemistas. Después del café leo los periódicos, porque leo varios (demasiados). Dicen que es bueno leer a unos y a otros, para contrastar, y juro que con ese noble propósito lo hago, pero yo diría que al final del día mi cabeza no está al borde del contraste, sino de la explosión. Tras la comida me pongo a Ana Blanco. Hay otras, pero yo me he propuesto morir con ella: ella, que Dios la guarde muchos años, cayendo sobre la mesa de noticias del mediodía cuando haya sobrepasado los noventa; yo, clavando la barbilla en el pecho para siempre frente a la tele. Qué mejor que un final mutuo para una relación tan fiel. Dejando a un lado que no quisiera que me pillara fuera de casa el día histórico en que la Blanco se equivoque.

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Campanas de Boda

domingo 11 de noviembre de 2012  

Diga usted que sí, buen hombre, siga creyendo que el matrimonio es solo entre un hombre y una mujer. Siga usted creyendo que los elefantes se llaman elefantes porque Dios otorgó a Adán el derecho a dar nombre a otros seres vivos (inferiores, naturalmente, según la Iglesia Católica). Siga usted creyendo, hombre sobrado de razón, que los diccionarios son enormes continentes de palabras a las que jamás ha de modificarse el significado. Es decir, que si la Academia del siglo XVIII certificó, un suponer, una definición para los bastardos, los hijos ilegítimos o las relaciones contra natura, ¿quién es el pueblo llano para modificar un significado por un cambio de costumbres o de moral? Amigo, siga usted en sus trece. EL ARTICULO SIGUE AQUI >> 

 

Del Cine y La Caspa

domingo 4 de noviembre de 2012  

Cuando leo uno de esos artículos dedicados a la magia de la gran pantalla, de sala oscura, de los sueños que se esfuman cuando nuestros ojos han de acostumbrarse a la cruda realidad; cuando leo eso, digo, me sale una urticaria que yo calificaría de saludable, porque me avisa de lo que no tengo que escribir jamás. Yo creía que las columnas dedicadas a la sala oscura y su cursi retahíla eran cosa del pasado, que aquellos plumillas old fashion habían ido muriendo, pero se ve que hay un tipo de columnista vintage que reincide, encontrando el tema de actualidad por aquello de la crisis del cine. EL ARTICULO SIGUE AQUI >>

 

Guerra en la Asamblea

domingo 28 de octubre de 2012  

Un tío llamado Mike Godwin se inventó una ley a la que llamó “Godwin”. Hizo bien. La ley de este célebre abogado americano enuncia que “a medida que una discusión online se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno. Dicho lo cual, Godwin estableció que cualquier discusión se debía dar por concluida cuando uno de los participantes sacara a los nazis a relucir. Se refería a las discusiones en las redes, y doy fe, dado que alguna vez me he enzarzado tontamente en una discusión virtual, que al hombre le asistía la razón: siempre hay un interviniente que tratando de ganar una bronca que está comenzando a ser pesada, carga de dramatismo el momento trayendo a colación la Europa nazi o al mismo Hitler. Es esta una ley sin fronteras que no se circunscribe al mundo de la Red. Con demasiada frecuencia está en boca de las personas públicas y lo que demuestran con esos argumentos es, sencillamente, que no poseen un alto vuelo dialéctico.

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Cosas Que Me Quitan El Sueño

domingo 21 de octubre de 2012  

 

A los que dormimos mal, los médicos nos recomiendan que no miremos una pantalla después de las diez de la noche. Como llevo años durmiendo de pena, he vivido el cambio fundamental de este consejo médico: antes, en el mundo precibernético, te aconsejaban que no vieras la tele, ahora te hablan de pantallas. Que no veas ni la tele, ni el ordenador, ni el iPhone ni el iPad. Del cine no te dicen nada, y a mí ese olvido me produce una pena imponente porque de alguna manera habla de la decadencia del cine en las salas. Ay. También te recomiendan no beber vino. Y de verdad que lo he intentado.

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El pícaro y el inocente

domingo 14 de octubre de 2012  

De vez en cuando, se te acerca alguien de entre el público que ha estado escuchándote, no para que le firmes un libro, ni tan siquiera para decirte que le ha gustado tu charla. Ese espectador misterioso se te acerca y, sobrepasando la separación física aceptable entre dos desconocidos, te dice que su vida contiene una novela y que tú has sido la elegida para escribirla. Quien esto escribe, no vacunada del todo contra la estúpida vanidad, se deja mecer cinco segundos por la idea de que esa persona, tras un disputado casting, te ha concedido un privilegio. Porque tú lo vales. Lo primero que suelo dar son las gracias. Luego, ya en mis cabales, me disculpo diciendo que ando con otros proyectos entre manos. Es entonces cuando dicho/a admirador/a, a fin de convencerte, comienza a patinar. Porque suele darse el caso de que el admirador más rendido se convierte en un alacrán en cuanto le llevas la contraria, y no es raro que te diga que su historia es infinitamente más interesante que las que tú cuentas. Y, caramba, puede que tenga razón, pero en la literatura lo que importa es la manera de narrar, más que los hechos en sí.

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© Elvira Lindo 2021