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Enanito

Pedorrismo Campestre

Lunes 16 de agosto de 2010  

“Este artículo contiene una gran verdad: los amigos que tienen casa en el campo están locos porque vayas a pasar el día con ellos. Te ofrecen todo tipo de facilidades, coche, alojamiento durante varios días, tertulias hasta el amanecer… Y es que no me extraña, se aburre uno tanto…”
Elvira Lindo

Como estamos de vacaciones, sólo hemos dado nuestro número de teléfono a familiares y amigos íntimos. Conclusión: sólo nos llaman familiares y amigos, y eso, a mí personalmente, me deprime; a mi santo, personalmente, no le deprime nada, dice que aspira a que su vida sea así: sin amigos nuevos («¿Es que no nos molestan suficientemente los viejos?»), sin sobresaltos. Y para rubricar esta suavidad oriental en la que quiere mecerse, compró el esqueje de un manzano, lo plantó y me llamó todo orgulloso para enseñarme la ramita diminuta:

—Nuestro manzano —dijo—. Dentro de veinte años será de alto como tú.

Como yo, dijo que sería de alto como yo. Veinte años para llegar a mi humillante 1,60. Ése es el tipo de cosas que a mí, personalmente, me hunden la vida, y ése es el tipo de cosas que a él, personalmente, le levantan el ánimo. Mientras él está feliz porque sólo recibimos las llamadas previsibles, yo me quedo al lado del teléfono, recordando, nostálgica, mi aparato de Madrid, que suena sin parar, que no te deja trabajar… Mi teléfono…

Esos eran los grandes pensamientos en los que andaba sumergida ayer cuando de pronto sonó dicho aparato y, fuera bromas, me dio una taquicardia. Era un amigo que me anunciaba que venía a vernos. ¡Bien, rompamos la serenidad familiar, hagamos una barbacoa, tirémonos borrachos a la piscina! No sé si alguna vez han pasado ustedes por una de esas urbanizaciones campestres donde las personas somos bastante felices. Hagan la prueba: a la caída de la tarde, los propietarios de chalés y adosados nos situamos, movidos por un impulso interior, en la puerta del jardín. No estamos tomando el fresco, qué va, estamos esperando a que alguien, quien sea, venga a vernos. Incluso misántropos como mi santo, que puede pasarse horas mirando un manzano microscópico, acuden por la tarde a la llamada.

Hoy estamos de suerte, un amigo viene: podemos enseñarle todos nuestros juguetes campestres. Cuando llega el amigo, ya está mi santo vestido como el granjero último modelo: con su delantal de barbacoa, sus tenacillas para la carne, y yo, con la pamela y los shorts. Mi santo me llama dos veces «cari» delante del amigo: «Cari por aquí, cari por allá», porque mi santo ha decidido entrar a saco en el pedorrismo campestre. A tomar por saco los complejos de intelectual urbano. Emocionados por la visita del amigo, le hacemos bañarse, aunque no quiere. Hay que bañarse, le decimos, y le saco un bañador viejo, porque en los chalés siempre hay que tener un bañador viejo para ese amigo que nunca viene; luego, le hacemos comer carne hasta que al pobre se le escapa un eructo, y le hacemos sentarse debajo de un árbol, no, mejor de este otro, que da mejor sombra, y le hacemos decir que está pasando un día único. De vez en cuando dice que se va; pero, por Dios, cómo te vas a ir tan pronto. Incluso hay un momento en que mi santo se pone serio y le reprocha: «Ni que te estuviéramos tratando mal». El sol se está marchando y se hace el silencio de las despedidas.

—Te voy a enseñar una cosa antes de que te vayas —le digo a nuestro amigo—, a lo mejor te parece hortera.

En un rincón del jardín está mi pequeño tesoro: un enanito del bosque con un farolillo que se acaba de encender. Me da la impresión de que el amigo nos mira un poco como si no nos conociera. Cuando se va, nos quedamos los dos en la puerta de la casa, esperando a que venga otro amigo.

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3 respuestas a: Pedorrismo Campestre

julio Dice: Lunes 16 de agosto de 2010

Yo es nacido en la cuadra de las vacas, en el barrio bellavista de cueto (Santander). ¡En Francia vivo en un pueblo, bueno un poco particular a aquí los pueblos están muy mestizados, los otoños son tormentosos, los inviernos son largos mucha nieve y fríos a mi me encanta! ¡Y en mi cueto el faro de cabo mayor, la playa de mataleñas, el puente del diablo y mi barrio! ¡Buena analice de la realidad de los pueblos, a mi aburrirme me vas bien, pintos leo hago bricolaje siempre ay algo que hacer!

Justine Dice: Martes 17 de agosto de 2010

Qué bueno, qué buena eres chica. Tú estarás harta del pedorrismo del lector admirador, pero yo no me puedo aguantar: la escena de tu santo con el delantal y las tenacillas y tú con la pamela y los shorts es insuperable. Yo te veo además suspirando y mirando de reojo al cielo. Ah, quiero más!!

Rebeca Dice: Viernes 19 de noviembre de 2010

Me lo he pasado bomba! ja, ja…

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