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El Tolstói de los zulús

Sábado 22 de octubre de 2016  


“Cuando los zulús produzcan un Tolstói nosotros lo leeremos”. ¿A quién se refería Saul Bellow con esa primera persona del plural en una de sus más célebres y denostadas citas? Ese “nosotros” que el gran novelista utilizó incluía a los blancos y excluía a los negros. No podía ser de otra manera siendo Bellow un estadounidense de Chicago y un judío descendiente orgulloso de la gran tradición literaria europea. Es muy probable que el novelista lo dijera sin ánimo de ofender, que no pensara que la misma ciudad en la que él vivía y escribía estaba poblada en sus afueras por negros descendientes de esclavos. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->> 

 

Y el Grammy es para… ¡Philip Roth!

Sábado 15 de octubre de 2016  

Qué le voy a hacer, intoxicada como estoy de eso que llaman listas de favoritos para el Nobel de Literatura, todos los años pienso en los eternos candidatos. Debe ser muy triste enrocarse en ese puesto de aspirante oficioso, de tal manera que un día al año todo el mundo te recuerde con un poco de penilla. En cuanto se supo el nombre de Dylan, pensé en Philip Roth, porque creo que es el ser humano al que más le fastidia no ganar el Nobel. Si de algo hace alarde el novelista es de una vanidad sin innecesarios pudores. A mí ese desparpajo me resulta muy simpático; cuando le escuché en el documental sobre su persona afirmar que se acababa de leer sus obras completas para ver si se sostenían en el tiempo y que se había quedado bastante satisfecho me entró una ternura enorme por el anciano vanidoso. Al menos es sincero, otros deben estar leyendo sus obras en silencio, preguntándose cómo coño no han entrado ya de una puñetera vez en la lista de eternos candidatos. Me imagino a Roth, que sí lo viene siendo desde hace años, este mismo jueves. No lo visualizo mirando el Twitter, eso ya sería en sí mismo un chiste, sino poniendo la radio y escuchando el nombre de Bob Dylan. ¿Bob Dylan? Lo imagino haciendo cábalas: Bob Dylan, estadounidense, judío… Maldita sea. ¿Cuánto tiempo tendrá que pasar para que otro judío americano vuelva a llevarse el premio? EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->>

 

COÑO, ESA PALABRA DE MODA

Viernes 7 de octubre de 2016  


Hubo un tiempo en el que algunas mujeres achacaban a los hombres la mala costumbre de pensar con la polla. Pensar con la polla era estar prisionero, pero a mucha honra, de los instintos más primarios. De un hombre que pensara con la polla una mujer no se podía fiar. Un hombre que pensaba con la polla no valoraría a una mujer en su conjunto, intelecto y físico, sino que sólo se detendría a valorar si una chica era lo suficientemente atractiva para esa parte del cuerpo con la que pensaba, la polla. Yo conocía a hombres así de transparentes, algunos incluso me hacían gracia por su evidente primitivismo, pero no eran mi tipo. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->> 

 

Me vais a quitar del mundo

Viernes 30 de septiembre de 2016  

“Me voy a poner delante del primer camión que pase”, “ya me echaréis de menos cuando falte”, “vosotros no sois normales”, “te voy a devolver a los gitanos que te dejaron en la puerta”, “y si tus amigas se tiran por un puente ¿tú también te tiras?”, “un día yo me largo y no me volvéis a ver el pelo”, “un día me subo a una peña y me tiro”, “te voy a acogotar”, “os voy a meter a todos en un internado”, “eres más tonto y no naces”, “me vais a quitar del mundo”, “me vais a enterrar”. Usted también puede añadir la frase, seguro que fresca aún en la memoria, que pronunciaba su madre en esos momentos desesperados que culminaban en una declaración brutal de hartazgo, aburridas como estaban de una condición de la que no podían escapar.

Me puse a la tarea de recopilarlas esta semana, animada por un libro que comencé a leer con cierta aprensión: #Madres arrepentidas. Una mirada radical a la maternidad y sus falacias (Reservoir Books), de la israelí Orna Donath. Confieso que me chirría el hecho de que la propia autora califique su estudio de radical. Pues bien, mientras leía este ensayo en el que la autora da voz a 25 madres, de distinta edad y condición, que confiesan detestar la maternidad a pesar de amar a sus hijos, yo iba preguntando a los amigos si alguna vez sintieron que sus madres renegaban de ellos. Y sí, con frecuencia. Las frases más tremendas provenían de las mujeres de la generación de la mía, que desahogaban su ira sin importarles si eso hacía mella en nuestra sensibilidad. Visto el resultado no parece que aquellos momentos Magnani nos hayan dejado el corazón averiado, porque observo que acaban siendo frases fetiche que los hermanos compartimos con más risas que rencor. Va a resultar que la ultra expresividad mediterránea les servía a ellas de desahogo y nosotros, niños de una generación más curtida que la actual, lo hemos incorporado al álbum de recuerdos.

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ESPAÑOLES TODOS

Viernes 23 de septiembre de 2016  

A mí me gusta que las personas me lleven a su terreno. El mío me aburre. Lo tengo muy trillado. Pero me cautivan esas personas de costumbres tozudas, que tienen derecho a mesa en el restaurante de la esquina. Ya lo decía Antonio Gamero, como fuera de casa en ninguna parte. Diego Galán come casi a diario en el restaurante de enfrente de su domicilio, La Francisca, “porque hay que salir”, dice, y con esa poderosa excusa ocupa una mesa que debería llevar, como hacen en los restaurantes americanos, una placa con su nombre. La simpática posadera me recomienda unas albóndigas “Mar y Tierra”, carne con salsa deliciosa de chipirones, receta que le dejó en herencia Vázquez Montalbán, y entonces pienso yo, tendente a figurarme coincidencias mágicas, que todo cuadra, hasta esta comida que nos trae de pronto la figura de quien tan importante fue en el periodismo en el que creció el joven Diego.

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CENANDO CON ELIZABETH

Sábado 17 de septiembre de 2016  


 Primer domingo de septiembre. Ocho y media de la noche y aún arden las aceras. Cruza el taxi la glorieta de Atocha, veo que el tráfico del Paseo del Prado está cortado por la Vuelta Ciclista y tengo un sentimiento de extrañeza delegado: el que puede experimentar la escritora Elizabeth Strout, recién llegada de Nueva York, encaminándose ahora hacia el restaurante en el que he pedido que nos cedan un rincón tranquilo, sin música, algo que ya parece algo imposible en el mundo de la restauración, y así mantener una charla apacible sobre los misterios de una novela, Me llamo Lucy Barton, que ha sido aplaudida en su país y que aquí va conquistando, poco a poco, el corazón de los lectores. Hubo otra novela anterior, Olive Kitteridge, publicada en castellano, que nos pasó casi desapercibida, aunque en EE UU ganara el premio Pulitzer y se convirtiera en serie de televisión con una brillante Frances McDorman. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->> 

 

LO QUE ENTONCES NO PUDO DECIRSE

Sábado 10 de septiembre de 2016  


A menudo charlo con jóvenes amigos que andan preocupados, no sin razón, por el estrechamiento de la libertad de expresión. Y estamos de acuerdo en que el batallón de supuestos humillados y ofendidos es tan amplio y tan ruidoso que acaba provocando, se quiera o no, que quien expresa su opinión públicamente mida en exceso lo que dice o escribe por miedo a pisar un charco indeseado por una bobada. Porque es habitual que lo que desata la indignación suelen ser nimiedades, y porque tampoco debería ser tan grave soltar una inconveniencia o meter la pata de vez en cuando. Pero discrepo, también a menudo, con estos jóvenes plumillas a los que por el hecho de que sean jóvenes no me veo en la obligación de dar la razón (no padezco el miedo a sentirme desfasada) en la pertinencia del humor que hace sangre con la sangre. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->> http://cultura.elpais.com/cultura/2016/09/09/actualidad/1473437941_126152.html

 

MANUAL PARA HOMBRES DE LA LIMPIEZA

Sábado 3 de septiembre de 2016  


Tras leer el arrollador Manual para mujeres de la limpieza una se pregunta cuándo escribió Lucia Berlin (Juneau, 1936 – Los Ángeles, 2004), cuándo tuvo tiempo esta mujer que sobrevivió a una agotadora aventura iniciada desde su nacimiento. No es poca cosa nacer en Alaska, ser adolescente en Chile, joven en Nueva York, madre en México y dar tumbos de un lado a otro de los Estados Unidos en busca de una paz que casi nunca disfrutó. Pero esta azarosa existencia, que inspira e irrumpe con fuerza en sus cuentos, no le restó ironía, no la convirtió en víctima, ni se transformó en amargura. Lucia Berlin es un milagro, como escritora renacida años después de su muerte, pero sobre todo un milagro de persona: es la mujer bellísima que se deja arrastrar por el amor, que abandona a un hombre por otro, pero lo hace cargada de equipaje, con dos hijos pequeños. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->> 

 

Los Libros No Muerden

Sábado 30 de julio de 2016  


Yo escribía para niños. No sé si ahora lo haría. De hecho, las nuevas ediciones de mis Manolitos se han publicado en una colección de adultos. No quiero problemas. Así, si uno de tantos comités inquisidores que han surgido en España señala uno de mis libros como inadecuado podré defenderme. Mi franja de edad es la de los antiguos humoristas: “Para todos los públicos”. Mi primer librito se publicó en 1994, en otro país, también se llamaba España, pero era otro. Ya por entonces viajaba yo a EE UU y me frotaba las manos por pertenecer a una sociedad que sí admitía la incorrección. Contaba con un batallón de fieles que iban a comprar los Manolitos a las librerías y en muchos casos los leían con los mayores de la casa. Muchos maestros me dan las gracias porque se sirven de estos libros para animar a la lectura y hacer trabajos de redacción. Y yo siento la alegría de haber contribuido a que tantos niños se hicieran lectores. Hace tres años publiqué un título nuevo y lo presenté en la librería Méndez de Madrid. Los libreros alucinaban porque nunca habían visto reunida a tanta juventud en el pequeño espacio de la librería. Cuando llegó el turno de preguntas, ese público veinteañero que me leía con devoción 15 años atrás me agradecía el haber formado parte de su infancia. Estoy segura de que pocos escritores han probado la experiencia de tener un público rendido, no hacia ti sino hacia tu personaje. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->> 

 

¿QUÉ PENSÓ MICHELLE?

Viernes 22 de julio de 2016  


Las mismas palabras, según quién las pronuncie, pueden ser tópicas o verdaderas, vulgares o conmovedoras. Todos sabemos que los discursos están escritos por terceros y supervisados, no siempre, por sus protagonistas. El problema del discurso de Melania no fue tanto el abuso de copiar, aunque en USA un plagio pueda costarte una carrera, sino la incongruencia: repetir las palabras de una mujer negra cuyo esfuerzo en la vida ha sido y sigue siendo tan superior al tuyo es un insulto. EL ARTICULO SIGUE AQUÍ ->> 

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