Elvira Lindo

 

Pedir Disculpas

Sábado 20 de junio de 2015  

Me di un golpazo en la cabeza al subir mi mochila al maletero. Todos los pasajeros me miraron y yo traté de superar la inexplicable vergüenza que provoca darse un coscorrón. De pronto, escuché una risa a mis espaldas. No lo podía creer: un jovenzuelo se reía de mi torpeza. Le miré fijamente a ver si reaccionaba, pero no. Me salió esa macarra que llevo dentro y que sólo hace acto de presencia cuando algo me enerva, le puse la mano en el hombro y le dije, “¿tú eres tonto, chaval?”. Se quedó desconcertado y ahí se acabó el episodio. Cuando tomé asiento reflexioné sobre mi reacción y concluí que he llegado a esa edad en que las mujeres nos volvemos valientes y con la autoridad que da la experiencia somos capaces de ponerle la mano en el hombro a un cretino y soltarle, ¿tú eres tonto, chaval? EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->> 

 

Hay Que Hablar

Miércoles 17 de junio de 2015  

Imparto una charla sobre mi trabajo. Al final, se abre el turno de preguntas del público. La situación es incómoda, porque quien desee preguntar ha de acercarse al micrófono. Entiendo que intimide. A mí, acostumbrada como estoy a hablar en público, también me pasa, pero he comprendido que la timidez no es aceptable como excusa. Aunque la audiencia es mayoritariamente femenina, sólo los hombres preguntan. Sin embargo, cuando el acto termina, se me acercan varias de las mujeres que tan atentamente me han escuchado a compartir de tú a tú sus pensamientos. EL ARTICULO SIGUE AQUI >> 

 

Que Eduquen Ellos

Viernes 12 de junio de 2015  

Educar a un niño es algo muy raro. En mi caso, por poner el ejemplo más a mano que se me ocurre, he tenido que pasar muchos años fingiendo que era mucho más excelente de lo que era. Pero ahora, con los hijos fuera de casa aunque sobradamente subvencionados, puedo confesar, sin miedo a ser un mal ejemplo, que fumé porros, robé en El Corte Inglés en mi tierna edad, que me pillaron y me llevaron al cuarto de los niños ladrones, que pasé el bachillerato a la sombra de los almendros en flor, por decirlo a la manera proustiana, en el Retiro (mi instituto estaba dentro de tan tentador parque) y que copié con fruición en los exámenes, incluido el de selectividad. A veces copiaba por necesidad, otras por vicio. Cometí más fechorías, pero jamás he hecho alarde de ellas. En este presente en el que me encuentro, con que retiren ustedes de este artículo a los niños de la infancia, me doy por satisfecha. Ya no tengo que ser pedagógica. Fueron los míos pecados improvisados: copiar en selectividad puede resultar cutre, lo asumo, pero quién no hubiera caído en la tentación si en el momento en que se tiene delante la traducción de latín comienza a circular por ahí el trabajo ya hecho. Qué caramba, es como pasar por delante de la nariz del hambriento un bocadillo de choped. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->> 

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Joan, Belleza y Luto

Miércoles 10 de junio de 2015  

Que “los tipos duros no bailan” ya no es algo sensatamente defendible. El título de la novela de Norman Mailer está anclado en una época en que ser duro todavía tenía prestigio. Ahora, atendiendo a la verdad, habría que decir que los que no bailan son los tímidos, los que se creen torpes o temen el ridículo, y más bien lo que producen, esos tipos, es ternura, cuando se aferran a la barra por ser incapaces de dejar que se les muevan los pies. El tiempo en el que “duro” podía ser un adjetivo halagador pasó, pero en absoluto nos hemos librado de los estereotipos que acompañan al sexo, o al género, dígase como se diga: a la rubia guapa se le sigue presuponiendo cierta flojera mental y provoca más interés sexual que otra cosa, tal vez sea esa la explicación de la célebre frialdad de las rubias, de esa distancia defensiva que algunos hombres consideran mal humor; la mujer que vive de su inteligencia o su talento debe hacer por borrar lo voluptuoso, lo sexy, lo femenino para que el interlocutor no se le despiste o para que, sencillamente, la tomen en serio. EL ARTICULO SIGUE AQUI ->> 

 

Pedro Zerolo, Saber Morir

Martes 9 de junio de 2015  

El saber vivir lo ocupa todo. Secciones de periódico, programas de televisión, libros de autoayuda, salas de espera donde anhelamos que alguien nos alivie la ansiedad con algunos consejos certeros sobre cómo disfrutar del mero hecho de estar vivos. Parece que cuánta más información tenemos sobre la paz de espíritu menos sosiego sentimos, tal vez porque deseamos algo que no existe: una existencia sin contratiempos. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->>

 

El Arte de Irse

Martes 2 de junio de 2015  

Hay edades para todo. Siempre se ha dicho. Hay una edad para luchar contra los tópicos, y está bien que así sea. Y otra en que se va admitiendo que algo de razón llevaban. Con una furia ciega yo me negaba a admitir la vieja creencia de que el pecado español es la envidia; de la misma tozuda manera, me resistía a creer que debiera haber una edad de jubilación en la vida pública. Luché contra esos tópicos por escrito pero, como tengo la suerte de poseer un cerebro flexible, ahora, por escrito también, voy a llevarme la contraria. EL ARTICULO SIGUE AQUI ->> 

 

La Cara B

Lunes 1 de junio de 2015  

Pero hay una cara B de la Feria de la que poco se habla. Lógico, la cara A es más luminosa y además cierta: cualquiera puede escribir palabras vibrantes sobre la lectura. De la cara B no se habla porque a nadie interesa. EL ARTICULO SIGUE AQUI >> 

 

Aguirre en las Cruzadas

Viernes 29 de mayo de 2015  

A la hora de escribir esta columna me impongo una condición innegociable: “Evitar los lugares comunes por muy populares que sean”. Hay un lugar común que en estos días brota de la boca de muchos opinadores, aunque cada uno lo exprese como si fuera un pensamiento que acaba de inventar. Se dice y se repite que el cambio que a punto está de producirse tiene nombre de mujer. Manuela, Mónica, Ada. Y yo me pregunto a qué genero, bromas aparte, pertenecían estas otras que respondían al nombre de Esperanza, Rita o María Dolores. Cuando los barones reaccionarios tratan de desprestigiar a una mujer que no les cuadra ideológicamente la tildan de mostrenca, de ambiciosa, de poco femenina. EL ARTICULO SIGUE AQUI >>

 

Vivir Sin Comer

Martes 26 de mayo de 2015  

Cada vez es más frecuente compartir mesa con personas que consideran que han de informarte de los nutrientes que contiene cada alimento que hay sobre el plato. Si pides sardinas te recuerdan su alto contenido en Omega-3; si la cosa va de brócoli cómo obviar sus propiedades anticancerígenas; si se come con té (cada vez más frecuente) se celebra su potencial antioxidante y diurético; si la ensalada lleva nueces se comenta el poder energético y las bondades cardiovasculares; si se trata de salmón hay que recordar que con cada bocado estamos dándole la patada al colesterol malo; el kale aliñado con un poquito de aceite no engorda, sacia y nutre como ninguna otra col; si preparamos una tortilla blanca, sólo con claras, nos deshacemos de aquello que nada aporta y sólo engorda, y así hasta el infinito. Yo, lo confieso, no puedo con tanto. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ – >> 

 

La Desnudez de los Hijos

Viernes 22 de mayo de 2015  

Me acordaba vagamente de aquellas fotos y también de la polémica que se desató con ellas. Eran imágenes de niños desnudos en el campo salvaje de Virginia. Dos chiquillas y un niño, tres hermanos, despeinados, asalvajados, bañándose en un lago, bailando sobre la mesa, vomitando, haciendo pis sobre la tierra, comiendo, abandonados al sueño. Eran fotos en blanco y negro, parecían haber sido tomadas en un tiempo no fechado, en el universo atemporal de la infancia. Tenían una precisión perturbadora, las había tomado alguien en quien los niños confiaban, tanto como para posar con descaro y mostrarse tal cual vinieron al mundo ante la cámara. La autora de esas imágenes era su madre, Sally Mann, una artista sureña admirada por muchos amantes de la fotografía y denostada con furia por los reaccionarios o por esos progresistas que en aras de la protección de la infancia son capaces de señalar a cualquiera como abusador o abusadora de niños. Sally Mann, esa fotógrafa que a finales de los noventa fue acusada de utilizar la desnudez de su hijos para tocar la gloria, es hoy una mujer de 64 años, atractiva, fuerte y delgada, con unos ojos azules y una melena blanca indomable que le otorgan un aire juvenil. He ido a verla a un teatro de mi barrio, el Symphony Space, acompañada del fotógrafo Fernando Sancho, los dos somos seguidores de su obra. En el patio de butacas se respira admiración y reverencia hacia esta mujer que desafió a aquellos que piensan que un niño desnudo invita inevitablemente a la pedofilia. En primera fila, está una de sus hijas, Virginia, una mujer ahora, que a los cinco años se vio arrastrada por la polémica cuando el Wall Street Journal reprodujo uno de las célebres desnudos de los niños de Sally añadiéndoles, muy retorcidamente, la banda negra sobre los pezones y el pubis. Una manera maliciosa de acusar a la artista de explotación de la intimidad de sus propios hijos en un país obsesionado por el sexo hasta el punto de convertir en algo sucio el cuerpo de una niña pequeña. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->> 

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