Elvira Lindo

 

Maneras de Retratarse

Sábado 18 de octubre de 2014  

Todo el mundo se retrata: un responsable político tan cutre como para acusar a una enfermera de poner a la población en riesgo; una ministra con cara de susto incapaz de manejar una situación para la que debería estar suficientemente preparada; otro político que por hacer oposición pone en duda una repatriación que constituye el derecho de cualquier ciudadano y de la que no dudan los profesionales médicos, o la actitud de tantos de nosotros cuando nos da por pensar que nuestra vida, por el hecho de vivirla en el primer mundo, ha de estar exenta de acontecimientos incontrolables. Ay, por la caridad entra la peste. Maldita sea, hay personas que piensan que la piedad, la compasión o la misericordia son sentimientos exclusivos de la fe cristiana y que los demás hacemos muy bien en vernos exentos de semejantes obligaciones morales.

EL ARTICULO SIGUE AQUI >>

 

La Chapuza Y La Ira

Domingo 12 de octubre de 2014  

Vaya por delante un consejo: no se desayune usted nunca con el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid. En España, como medida sanitaria para empezar el día con energía, como rezaba el anuncio de los cereales, lo mejor va a ser escuchar música clásica. Se hinca el diente en la primera tostada con la excelente noticia de que el expresidente de Bankia, el señor Blesa, se gastó, a costa de la entidad, 9.000 euros matando bichos en un safari y se termina con las declaraciones reticentes e irritadas de un consejero de Sanidad. Debería estar prohibido por la OMS exponerse a semejante material tóxico, no ya porque pone mal cuerpo, que también, sino porque tanta información que abunda en el desastre nacional contribuye a un sentimiento colectivo del que en España no andamos escasos: la histeria. La evidente incompetencia de quien tiene la responsabilidad en su mano en un caso tan crítico como éste contagia el miedo mucho más rápido que el virus, y eso es exactamente lo que están consiguiendo quienes deberían estar ahí protegiéndonos.

EL ARTICULO SIGUE AQUI >>

 

Perder Las Amistades

Domingo 5 de octubre de 2014  

En medio de la noche sonó el teléfono. Como estábamos en Nueva York fui hacia él con el temor de escuchar una mala noticia. Al entrar en la cocina reconocí la voz que dejaba un mensaje, familiar para mí, quizá para ustedes, porque era la de un viejo compañero de Radio Nacional. Qué extraño que su voz poblara de pronto la densa oscuridad del apartamento pidiéndonos ayuda y consuelo. A nuestro amigo Javier, que pasaba unos días en la ciudad, le había doblado un cólico nefrítico. Era aún de madrugada cuando entramos en la parte trasera de la ambulancia, mi marido y yo flanqueándole, como escoltas o como si estuviéramos detenidos, porque la enfermera nos dejó unidos y atados con un mismo cinturón. Fue toda una experiencia viajar por la ciudad saltándonos legalmente los semáforos. El enfermo se retorcía de dolor pero, al no correr peligro, disfrutamos como niños viendo por la ventanilla trasera sucederse las calles. También pensé, dada como soy a la truculencia, que si alguna vez me tocaba ir de protagonista en una camilla preferiría no cruzar las avenidas neoyorquinas sino la muy familiar Doctor Esquerdo, de camino al Marañón, por poner el ejemplo más recurrente en mi vida.

EL ARTICULO SIGUE AQUI >>

 

Rajoy en China

Domingo 28 de septiembre de 2014  

El martes pasado se abrieron los cielos, se movió la tierra bajo nuestros pies, había en el aire un olor a fin de los tiempos. Así las cosas, quien esto escribe se asomó a la terraza de la Cadena Ser para ver si Dios le guiñaba el célebre ojo. No puedo decir que lo viera, pero les aseguro que lo presentí. Saqué unas fotos al buen tuntún de los tejados de Madrid y cuando las vi por la noche a la luz de mi ordenador me pareció que ni John Ford podía haber colocado las nubes de manera tan poética. El martes, amigos, España tembló. Y no digo nada cuando entré en los estudios de la radio. Cuando entré en los estudios aquello ya fue el acabose. Del periodista talludo a la atribulada becaria no había quien no sintiera el corazón acelerado. Y era esta una escena que se repetía, con igual intensidad, en cada uno de los estudios de cada una de las emisoras a todo lo largo y ancho del mapa autonómico. Yo me sentí como en medio, como molestando, como ese burro que en mitad de la batalla está que no sabe para dónde tirar. Siempre me pasa, cuando me hallo en el epicentro de una emoción colectiva siento que no estoy a la altura de tanta algarabía.

EL ARTICULO SIGUE AQUI >>

 

Cuando Te Come la Ansiedad

Sábado 20 de septiembre de 2014  

Para infancias traumáticas las de nuestros padres. Las de aquellos que de niños padecieron la guerra. A mi padre se le cayó el pelo. Literal. Pensó que su padre había muerto en combate y al cabo de un año de orfandad lo vio llegar como una aparición por la plaza del pueblo: un hombre marrón, envejecido, cubierto por una manta, que no se sabía si era un muerto o un vivo. A ese niño que era mi padre se le cayó el pelo. Al tiempo, con ungüentos, y, fundamentalmente, cuando se le pasó el susto, le volvió a salir. Por eso, y por tantas otras cosas que fuimos sabiendo de un hombre que prefería mostrar la fortaleza a la vulnerabilidad, siempre pensé que sus manías estaban, en cierta medida, justificadas por las vivencias de una niñez brutal. Me refiero al nerviosismo permanente, la fobia a las tormentas, el miedo a que se terminara el pan, los vicios a los que se aferraba como el niño a la teta, las paranoias, el pavor a los aparatos eléctricos, el temor a los accidentes domésticos, a los imaginables y a los insospechados. Mi padre, el hombre que padecía insomnio y que sólo se consolaba comiéndose media pastilla de chocolate, era sin duda un enfermo de ansiedad crónica. Lo que no podré saber es cuánto le debía a su genética y cuánto a la historia de este puñetero país. Yo heredé sus miedos y alguna de sus fobias, pero tampoco sabría calibrar si las aprendí de él como una niña obediente o simplemente las heredé en la ruleta imprevisible del ADN. O las dos cosas. En mi mesilla no hay chocolate, porque mi autocontrol dietético no me lo perdonaría, pero sí un surtido de pastillas que me hacen debatirme entre el melatomo-nomelatomo todas las noches

EL ARTICULO SIGUE AQUI >>

 

El Árbol Caído

Domingo 14 de septiembre de 2014  

¡Eh, que me puedo equivocar! Dicho esto, opino que en nuestro país somos perezosos para el activismo ciudadano. El activismo ciudadano no consiste sólo en salir a la calle con las manos en los bolsillos a mostrar tu desacuerdo, el activismo ciudadano exige esfuerzo, información, y en algunos casos, profesionalidad. Sabemos de ciudades europeas o americanas en las que los activistas han tirado por tierra el proyecto de un arquitecto estrella. ¿Lo han logrado arguyendo simplemente que no les gustaba? No, si han podido tumbar una decisión municipal es porque contaban con profesionales que estudiaban la propuesta y elaboraban un ensayo en contra de una intervención que afectaría a todos los ciudadanos. Hasta para estar en contra necesitamos más preparación. Ando rumiando esto mientras paseo por el finalmente terminado Mercado de Barceló. Ha sido una obra de años, que afectaba a varias calles situadas en el corazón de Madrid. El resultado ya está a la vista. Aunque es tan confuso que mientras escribo este artículo me cuesta recordarlo.

EL ARTICULO SIGUE AQUI >>

 

Hay Que Comer

Domingo 7 de septiembre de 2014  

Hay personas que sirven para el enfrentamiento. Yo no. Y es duro llegar a esta conclusión, no crean. Se siente una, en el ambiente actual, un poco disminuida, sin la forma adecuada para resistir el tirón. Observas cómo colegas tuyos se enfangan con franco desparpajo en discusiones políticas, conectas por otro lado la tele y asistes a la salvamización del debate político, con todos nuestros futuros representantes pasando sus noches ante las cámaras, siendo cada uno inquietantemente fiel al personaje que representa, y todo ese espectáculo, caramba, te provoca una especie de molestia que no sabes cómo calificar. ¿Esto era todo?, te preguntas. ¿Era y es esto la política? ¿Es ahí, en un plató, donde se está decidiendo el futuro de mi país? Debe ser que sí, porque ya es una costumbre admitida que al día siguiente de los teledebates las redes sociales se alimenten del show y se pongan a la tarea de difundir los enfrentamientos. Como suele ocurrir, celebrando la torpeza del adversario, que siempre es idiota, y la agresividad del camarada, que siempre es brillante. Los unos son, por sistema, despreciables para los otros. Y si esto es así, como parece ser, para qué gastar energía en disentir. La pregunta es: ¿mi voz puede aportar algo?, ¿Seré escuchada sin cinismo por aquellos que no piensan como yo? Y todavía algo más esencial, ¿tengo resistencia para dar mi opinión y saber que en cuanto la haga pública habré de bajar la cabeza para soportar collejas?

EL ARTICULO SIGUE AQUI >>

 

Cadena SER: Elvira Lindo: “Escribía las historias de Manolito con el corazón y la cabeza”

Lunes 4 de agosto de 2014  

 

La Chirli

Viernes 1 de agosto de 2014  

Hay mujeres enormes. Por ejemplo, las americanas. Después de esta generalización recibiré cartas de encendida protesta, porque en los últimos tiempos la gente está muy tensa. Pero yo sigo adelante con mi idea, como diría Fortunata. Mi teoría, nacida de la pura observación, es que hasta la americana que parece pequeña es, bien mirada, una mujer enorme. El otro día, estando yo zascandileando en una tienda que, como diría Joaquín Reyes, empieza por B y acaba por Bimba & Lola vi entrar a una de esas mujeres de las que hablo. De inmediato, pensé que era americana, estaba muy por encima de los estándares españoles. A la cuestión del tamaño se sumaba otro rasgo: una extravagancia que resaltaba aún más su presencia imponente. ¿Qué anciana de las nuestras se pasea con un blusón estampado en flores rojas de seda, pamela negra y unas gafas enormes de esas que llevan las divas cuando quieren comunicarnos que van de incógnito? Intrigada, deseosa de saber si, como yo pensaba, aquella dama procedía de Madison Avenue, me acerqué a ella y, efectivamente, escuché un inglés de voz cascada. Aquella voz peculiar me evocó de pronto algunos de los mejores recuerdos cinematográficos de mi vida y ahí, sin poder controlarme, fuera ya de mí, me acerqué a ella todo lo que está permitido dentro de las rígidas reglas del espacio vital americano. La miré ya sin reparos. Me miró ella. Me dijo que le gustaba el outfit que yo llevaba. Las americanas son aficionadas a celebrar la ropa ajena. Tragué saliva. Nos observamos con la misma tensión que hace vibrar a los personajes de los dibujos japoneses en un momento crucial. Adiviné entonces, tras los enormes cristales de sus gafas, unos ojillos achinados y me lancé: ¿no será usted Shirley MacLaine? EL ARTICULO SIGUE AQUI ->>

994133_10152560868601092_6664927875859464840_n

Qué grande es ser joven

Domingo 20 de julio de 2014  

Sea como fuere, qué grande es ser joven. Tan grande es que cuando uno acierta lo llaman innovador y cuando uno yerra se justifica como una consecuencia lógica de la audacia. El partido socialista ha optado, para no ser menos, por la juventud, que es un valor, como estamos observando, superenalza. De manera tan decisiva han apostado por ella que esta semana se dejaron guiar por un tuit de Pedro Sánchez en la votación para elegir presidente de la Comisión Europea.
EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->> 

Página 1 de 5912345...102030...Última »

© Elvira Lindo 2014