{"id":93,"date":"2008-09-25T12:00:57","date_gmt":"2008-09-25T11:00:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/?p=93"},"modified":"2010-08-04T04:20:04","modified_gmt":"2010-08-04T03:20:04","slug":"madrid-1975","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/don-de-gentes\/madrid-1975\/","title":{"rendered":"Madrid, 1975"},"content":{"rendered":"<p>La cara de Umbral en la primera p\u00e1gina de este peri\u00f3dico es ya, sin titulares que la justifiquen, el mismo anuncio de su muerte. Umbral en primera p\u00e1gina del peri\u00f3dico desde el que nos descubri\u00f3 a tantos adolescentes indocumentados que las columnas pod\u00edan ser otra cosa. Abro las p\u00e1ginas de este y de otros diarios para encontrar en las necrol\u00f3gicas un rastro de mi propia juventud y encuentro una especie de vac\u00edo m\u00e1s moral que f\u00edsico, como la premonici\u00f3n de que el tiempo no tendr\u00e1 que esforzarse mucho por borrar su rastro. <!--more-->Pienso, con la egolatr\u00eda cruel del lector, en lo que se va de m\u00ed en esta muerte, y veo pasar en procesi\u00f3n llevando al muerto, mis quince, mis dieciseis a\u00f1os, aquel tiempo en el que la joven de barrio iba al centro haciendo el mismo viaje que el muchacho de pueblo cuando ven\u00eda a la ciudad. Ahora ya no hay pardillos ni paletos, el concepto mismo est\u00e1 oculto tras el manto de la correcci\u00f3n pol\u00edtica y los j\u00f3venes airados tienen la universidad al lado de la casa de su madre. Se gan\u00f3 en comodidad pero se perdi\u00f3 en literatura. De eso precisamente estaba constru\u00edda la literatura de Umbral -el hombre que cambiaba vergonzantemente los datos primeros de su biograf\u00eda-, de la peripecia del chico de provincias que conquista la gran ciudad vali\u00e9ndose de rabia, trabajo y una especie de resentimiento social que se le qued\u00f3 enquistado toda su vida. Leo los recuerdos que sobre \u00e9l se escriben y encuentro una especie de frialdad indisimulada, como si la muerte guardara siempre cierta simetr\u00eda con la vida y el muerto recibiera los gestos de afecto en el mismo tono que el los prodig\u00f3, distantes, cicateros. Lo parad\u00f3jico es que al charlar con varios amigos de este oficio veo que no compartimos en absoluto el punto de vista; para algunos intelectuales, la prensa ha exagerado los elogios hacia este escritor que practicaba lo que Mars\u00e9 denomin\u00f3 algo as\u00ed como la prosa gaseosa. En una \u00faltima entrevista televisiva, Umbral, sombra ya de s\u00ed mismo pero fiel al personaje umbraliano, ese tipo que nunca conced\u00eda una sonrisa, dec\u00eda: \u201cLa posteridad no me importa en absoluto\u201d. En ese momento, \u00e9l, que siempre estuvo preocupado por no ser confundido con ning\u00fan otro p\u00e1jaro de su oficio, se uni\u00f3 m\u00e1s que nunca a la corriente de lugares comunes que inundan las declaraciones de los literatos y dijo lo que nadie puede creer, que lo que viene despu\u00e9s no importa. No s\u00e9 si le lloraran muchos seres queridos, pero \u00e9l, el escritor permanente, hubiera deseado ardientemente ser llorado por sus lectores. Tal vez sea ese el punto de debilidad o ternura con el que los allegados quieren adornar la  personalidad del que fue desabrido y a veces cruel. Lamentablemente, la imagen del escritor, del c\u00f3mico, del artista no est\u00e1 esculpida por los amigos sino por lo que el p\u00fablico tiene a la vista, y el p\u00fablico vio, en ese Umbral de los \u00faltimos a\u00f1os, a un hombre condenado a la soledad del que no ha sabido o no ha querido tener disc\u00edpulos. La generosidad es una inversi\u00f3n a largo plazo y no hay nada m\u00e1s terrible que no haber sabido tenerla. Como el padre que racanea a los hijos, a Umbral le cost\u00f3 aceptar el cambio de su propio pa\u00eds, le cost\u00f3 compartir espacio con aquel batall\u00f3n de escritores que le naci\u00f3 a la democracia y que \u00e9l llamaba, jocosamente, los ciento cincuenta novelistas de Carmen Romero. El chiste se qued\u00f3 viejo y sin sentido. Como se quedaron sin fuste aquellas teor\u00edas peregrinas sobre la novela escrita por ordenador y la vulgaridad de la novela con argumento. Nada de eso vale ya. Sin embargo, aunque s\u00f3lo por traicionar una costumbre bien espa\u00f1ola, no pertenezco a aquellos que pagan cicater\u00eda con cicater\u00eda. Lo que es, es. Para un pa\u00eds tan estrecho y tan cateto como era el nuestro Umbral fue luminoso. En sus columnas le estabas viendo cruzar esa ciudad que su mirada embellec\u00eda, hablaba de Baudelaire y de Nadiuska, de Proust y de Tierno, de Warhol y de Pitita; llevaba la literatura a la tinta del peri\u00f3dico sin olvidarse de la maravillosa vulgaridad diaria, del sonido cimarr\u00f3n de la calle. Ah\u00ed est\u00e1 nuestra deuda, la tiene hasta ese escritor o columnista que no le quiere deber nada a nadie. Crecimos bajo su influjo y nos provoc\u00f3 vocaciones con una simple frase, \u201ciba yo a comprar el pan\u201d. Lo dem\u00e1s, ya se sabe, la arbitrariedad, la groser\u00eda, la venganza f\u00e1cil en la columna del d\u00eda despu\u00e9s, la deslealtad, el chismorreo de intimidades y los libros lanzados a la piscina. Todo innecesario por mucho que hubiera quien le riera la gracia. Cada columnista tiene su propio club de damnificados pero eso no quiere decir que la crueldad sea la esencia del columnismo ni que sea l\u00edcito engolfarse con aquellos que te animan a dar ca\u00f1a. Ahora que su presencia ya no es intimidatoria porque ni tan siquiera est\u00e1 y que algunos de sus amigos, algunos compartidos con Cela, pueden entender que a la larga se consigue m\u00e1s con la admiraci\u00f3n que con el miedo, es cuando tal vez haya que leer de nuevo (no digamos releer, por Dios) aquellas memorias del ni\u00f1o de derechas y el retrato del joven malvado. No por el bien de la literatura, cuidado: el lector, que padece un egocentrismo s\u00f3lo comparable con el del escritor, lee para recuperar o para no perder. Como el ave carro\u00f1era me llevar\u00e9 a un rinc\u00f3n una de esas antiguas novelas en las que una mano certific\u00f3, con caligraf\u00eda juvenil, el momento en que el libro entr\u00f3 en mi vida, Madrid 1975, Madrid 1979 y as\u00ed. Cada vez que las palabras del escritor me ofrezcan intacto el bocado del recuerdo estar\u00e9 haci\u00e9ndole un homenaje a aquel escritor que le\u00ed apasionadamente. A pesar de \u00e9l mismo, que trabaj\u00f3 sin descanso por aquello que m\u00e1s tem\u00eda, la fugacidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La cara de Umbral en la primera p\u00e1gina de este peri\u00f3dico es ya, sin titulares que la justifiquen, el mismo anuncio de su muerte. Umbral en primera p\u00e1gina del peri\u00f3dico desde el que nos descubri\u00f3 a tantos adolescentes indocumentados que las columnas pod\u00edan ser otra cosa. 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