{"id":87,"date":"2008-09-13T12:00:29","date_gmt":"2008-09-13T11:00:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/?p=87"},"modified":"2010-08-08T16:52:08","modified_gmt":"2010-08-08T15:52:08","slug":"antes-de-chueca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/don-de-gentes\/antes-de-chueca\/","title":{"rendered":"Antes de Chueca"},"content":{"rendered":"<p>En 1993 Chueca no era Chueca. A\u00fan no se hab\u00eda convertido en Gaytown y m\u00e1s que esos baretos cool con significativos nombres como El Armario, que hay ahora, abundaban los bares de la esquina, esos en los que hombres de mirada torva se manten\u00edan pegados a la barra como sujetos por un velcro. Pero Chueca ya apuntaba maneras. Justo en la esquina de la plaza hab\u00eda un puesto de peri\u00f3dicos que atend\u00eda Sandra, un transexual que por las noches cantaba coplas al estilo de Roc\u00edo Jurado.<!--more--> Chueca ten\u00eda un aire portuario, conviv\u00edan antros gays que promet\u00edan duras experiencias con abuelos que se pasaban el verano en camiseta, sentados en el balc\u00f3n y ri\u00f1endo a los ni\u00f1os por jugar a la pelota, lo cual no dejaba de ser extraordinario, porque esos ancianos aguantaban el ruido de las discotecas y las broncas nocturnas con una serenidad envidiable. Yo llegu\u00e9 a Chueca en 1993, cuando Chueca a\u00fan no era Chueca, y en vez de gays musculosos y lesbianas reivindicativas hab\u00eda una mezcla extra\u00f1amente armoniosa de gente humilde del barrio y transexuales que, por la ma\u00f1ana, ya de retirada de una noche dura, iban a comprarse a la panader\u00eda de Mari Pili el desayuno, un batido de chocolate y un bollicao, y a menudo aquellas mujeres gigantas, luciendo sombra de barba y labios pintados, gritaban con voz resacosa cosas tremendas. A la panader\u00eda de Mari Pili tambi\u00e9n acud\u00eda Andr\u00e9s Calamaro, al que luego he admirado tanto, sobre todo por sus personal\u00edsimas versiones de tangos cl\u00e1sicos. Su interpretaci\u00f3n de \u201cSur\u201d siempre me conmueve. Cuando Chueca a\u00fan no era Chueca se trataba de uno de los barrios m\u00e1s baratos del centro. Yo andaba por all\u00ed, buscando un piso galdosiano que estuviera destrozado para remodelarlo. O sea, buscaba a dos ancianitas que quisieran salir como fuera de aquel barrio sombr\u00edo y pegajoso y so\u00f1aran con morir en Benidorm. Las encontr\u00e9 finalmente, y esta mi primera inversi\u00f3n me llev\u00f3 a pensar que en toda operaci\u00f3n inmobiliaria hay un enga\u00f1o y una buena acci\u00f3n. Porque de la misma forma que yo buscaba abuelitas moribundas que me vendieran un piso por dos duros, ellas, mis angelicales ancianas, buscaban a una pareja incauta que se metiera en aquel agujero. El piso era barato porque inclu\u00eda a unos yonquis que a eso de las doce del mediod\u00eda iban a fumarse un chino en la escalera. Los vecinos ten\u00edamos que pasar haciendo equilibrios para no estropearles ese momento que es como el instante de recibir la hostia consagrada para el beato. No s\u00f3lo hab\u00eda yonquis en la escalera, los hab\u00eda en la acera, en la panader\u00eda (afanando bollos) y en la Plaza V\u00e1zquez de Mella, que entonces era como un vertedero al que acud\u00edan la gente con los perros para que hicieran sus cosas. Yo bajaba a pasear al ni\u00f1o y al perro. Charlaba con los vecinos y a pesar de que la plaza era infecta, hab\u00eda momentos de rara belleza, con el edificio de la Telef\u00f3nica recortado sobre un atardecer rojo. Mi perro, que era tontunamente sociable, se acercaba a lamerle la cara a cualquiera que estuviera en el suelo. O sea, a yonquis y a mendigos. Unas veces le daban comida y otras le echaban a patadas, seg\u00fan el estado de \u00e1nimo de tan arbitrarios personajes. Lo s\u00e9. No era el mejor para barrio para educar a un ni\u00f1o. Tampoco el peor. Hab\u00eda una suerte de solidaridad vecinal. El ni\u00f1o hac\u00eda a veces los deberes en la panader\u00eda de Mari Pili. En fin. Un anochecer de verano, ni\u00f1o, perro y madre salimos a nuestra plaza y vimos un gran bulto en el suelo envuelto en papel albal. Un polic\u00eda esperaba la llegada de la ambulancia y los vecinos hablaban de la identidad del bulto: una yonqui muy joven, compa\u00f1era de un mendigo anciano que hab\u00eda muerto en la calle d\u00edas antes. La muchacha hab\u00eda perdido la vida sentada en el suelo; los vecinos hab\u00edan pensado que dorm\u00eda el sue\u00f1o de los colgados hasta que se alertaron tras verla inm\u00f3vil horas y horas. \u00bfC\u00f3mo se explica eso a un ni\u00f1o que mira embobado la escena? No hicieron falta muchas explicaciones porque el ni\u00f1o no paraba de cruzarse con moribundos en sus idas y venidas del colegio. Poco a poco, el barrio se fue quedando sin ellos. O murieron o se fueron a otro lado, no lo s\u00e9. Con su desaparici\u00f3n y la llegada de parejas que compraban pisos de ancianitas que quer\u00edan morir en Benidorm, Chueca empez\u00f3 a ser Chueca. No hubo nada excitante en ser testigo de aquellas vidas en decadencia. No eran personas alegres, no parec\u00edan tener paz de esp\u00edritu salvo cuando se les ve\u00eda doblados sobre s\u00ed mismos, entregados a un viaje. No entiendo ni comparto, pues, la fascinaci\u00f3n que inspira la vida procelosa de la cantante Amy Winehouse, aunque me encanten sus canciones, su ritmo, su voz, pero la camarader\u00eda que provoca su enganche a las drogas me suena a algo ya sabido, algo que los m\u00fasicos han vivido tristemente en muchas \u00e9pocas y que acab\u00f3 con la carrera y la vida de muchos artistas del jazz, luego del rock. Es como si, para ciertos j\u00f3venes, fuera una novedad de la que otros estamos de vuelta pero que no hemos sabido contar. No se sabe contar, no. Si no, \u00e9chenle un vistazo a los anuncios contra la droga que se ven en las vallas y en la tele. Son tan cool, tan modernitos, tan sugerentes que, francamente, m\u00e1s que echarte para atr\u00e1s te dan ganas de salir a la calle y pillar un tirito de algo, de lo que sea costumbre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1993 Chueca no era Chueca. A\u00fan no se hab\u00eda convertido en Gaytown y m\u00e1s que esos baretos cool con significativos nombres como El Armario, que hay ahora, abundaban los bares de la esquina, esos en los que hombres de mirada torva se manten\u00edan pegados a la barra como sujetos por un velcro. 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