{"id":3406,"date":"2019-05-10T21:05:55","date_gmt":"2019-05-10T20:05:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/?p=3406"},"modified":"2019-05-10T21:05:55","modified_gmt":"2019-05-10T20:05:55","slug":"pregon-de-san-isidro-2019","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/textos-literarios-2\/pregon-de-san-isidro-2019\/","title":{"rendered":"PREG\u00d3N DE SAN ISIDRO 2019"},"content":{"rendered":"<p>No busco Madrid porque Madrid va siempre conmigo. Soy su esencia, soy Madrid. Soy Madrid porque, como dec\u00eda Gald\u00f3s, el madrile\u00f1o, la madrile\u00f1a, es fruto de andaluz y aragonesa, o viceversa, y con eso quer\u00eda decir que Madrid asume sin trauma que sus ciudadanos hayamos nacido en cualquier lugar de Espa\u00f1a o del mundo. Soy Madrid porque nac\u00ed en C\u00e1diz. Soy Madrid porque jam\u00e1s vi a mis padres perdidos o desarraigados, jam\u00e1s acomplejados por llegar de fuera. Ellos, de inmediato, fueron madrile\u00f1os. Lo eran porque la mayor\u00eda de nuestros vecinos ven\u00edan de Extremadura, de Andaluc\u00eda, de Castilla, de Arag\u00f3n, \u00bfqui\u00e9n habr\u00eda entonces de sentirse pueblerino o provinciano? Los abuelos y las abuelas de mi barrio atestiguaban con su presencia que casi todo el mundo ten\u00eda un pueblo esperando para los d\u00edas de verano, y eso de tener un pueblo te daba una categor\u00eda, pero tras un a\u00f1o de vivir en esta ciudad, Madrid te hab\u00eda puesto el sello y ya no hab\u00eda forma de eludir su influjo. Y no es que te hubieras hecho de Madrid, es que ya eras Madrid, y te mov\u00edas por los descampados y jugabas en los parques pelados de \u00e1rboles con el mismo orgullo que si se tratara de un territorio hist\u00f3rico, adoptabas el acento del barrio imitando a los otros ni\u00f1os y cuando volv\u00edas al pueblo por vacaciones te dabas cuenta de que eras madrile\u00f1a porque as\u00ed te nombraban: \u201cla de Madrid\u201d.<\/p>\n<p><!--more--><br \/>\nSoy Madrid desde que llegara en 1973 a un piso del barrio de Moratalaz. Al piso que compraron mis padres con el dinero que les toc\u00f3 en la loter\u00eda del Ni\u00f1o justo cuando yo nac\u00ed. Desde la terraza de ese piso pagado con un dinero ca\u00eddo del cielo se contemplaba la ciudad como desde una atalaya. Mi padre ense\u00f1aba aquel tesoro nuestro a las visitas. Era, dec\u00eda, como si nos hubiera tocado de nuevo la loter\u00eda. Sal\u00eda a la terraza y alzaba los dos brazos se\u00f1alando aquella vista espl\u00e9ndida, que deb\u00eda con toda justicia a\u00f1adirse a nuestra enciclopedia de las Siete Maravillas del Mundo: \u00a1Madrid, Madrid! Y s\u00ed, ah\u00ed estaba, m\u00e1s all\u00e1 de los descampados que recorr\u00edan la carretera de Valencia se intu\u00eda tras la bruma una vida urbana incesante, que poco ten\u00eda que ver con la monoton\u00eda de nuestro barrio solo alterada por los juegos de los ni\u00f1os.<br \/>\nNosotros llam\u00e1bamos Madrid a los edificios que quedaban m\u00e1s all\u00e1 de la M-30. Y la visit\u00e1bamos en contadas ocasiones, para ver la iluminaci\u00f3n de Navidad o para comprar el equipo de ropa para el verano. Madrid era para nosotros el lugar donde compr\u00e1bamos algo especial y donde merend\u00e1bamos luego en esas cafeter\u00edas modernas y peliculeras que fueron desaparecieron de la Gran V\u00eda para dejar espacio a las franquicias. Pero yo, en aquellos a\u00f1os de ni\u00f1ez, nunca echaba de menos aquel Madrid hist\u00f3rico y central. Me gustaba que me pasearan por all\u00ed como a la ni\u00f1a a la que llevan al parque de atracciones, pero luego disfrutaba de un placer muy \u00edntimo al volver a la seguridad de mi barrio, que yo sent\u00eda como un pueblo en el que pod\u00eda perderme sin sentirme perdida. Un barrio es, para un ni\u00f1o, el centro del mundo. Para m\u00ed lo era: yo ten\u00eda mi colegio, al cual los chiquillos como una bandada de p\u00e1jaros; la panader\u00eda, a la que nos lanz\u00e1bamos en tromba a la salida; la biblioteca p\u00fablica, que hizo tantos ni\u00f1os lectores y el m\u00edtico cine Moratalaz, al que acud\u00edamos los ni\u00f1os del barrio en aluvi\u00f3n los viernes por la tarde, a la sesi\u00f3n doble infantil, sin madres que nos protegieran ni maestras que nos pastorearan. Y, por supuesto, el polideportivo, donde pas\u00e1bamos gran parte del verano, torr\u00e1ndonos, porque no hab\u00eda ni un \u00e1rbol, y sorteando dignamente a los macarras que celebraban con esc\u00e1ndalo y burricie el paso de las chicas camino del agua.<br \/>\nTuvimos la suerte de gozar de una libertad que ahora parece de otro siglo. Es de otro siglo. Hablo de mi infancia y de mi barrio porque ese fue mi bautismo como madrile\u00f1a, y la mirada que tengo sobre esta ciudad estuvo y estar\u00e1 siempre condicionada por ese inicio perif\u00e9rico. Incluso en la concepci\u00f3n que tengo de la belleza a\u00fan persiste hoy aquella visi\u00f3n m\u00eda infantil del barrio, en la que no cab\u00eda distinguir entre lo bonito y lo feo, porque por encima estaba lo habitable, lo reconocible como territorio propio, lo familiar, lo seguro. Y este cielo de Madrid que todo lo iluminaba y lo embellec\u00eda.<br \/>\nEn cada ciudad del mundo que he visitado he reconocido un barrio que era como aquel Moratalaz de mi infancia. En Queens, por ejemplo. Pensaba que yo pod\u00eda haber sido una ni\u00f1a de Queens o del viejo Brooklyn y mirar al Manhattan del otro lado del r\u00edo como un lugar remoto que alg\u00fan d\u00eda habr\u00eda de conquistar. Yo miraba Madrid desde el otro lado de la M-30, que es menos bella que el r\u00edo Hudson o que el East River, pero no hay duda de que la calidad de los deseos de los que miran al sky line de su ciudad queriendo conquistarla es la misma.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 ser\u00eda de las ciudades si no hubiera ese anhelo de conquista de los perif\u00e9ricos? \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda de la literatura si nos faltara la visi\u00f3n de aquellos que llegaron desde lejos para buscar aqu\u00ed su lugar en el mundo? Los barrios de la periferia que abraza Madrid estaban poblados en ese otro siglo en el que transcurri\u00f3 mi infancia de manchegos, castellanos, andaluces, extreme\u00f1os; hoy tambi\u00e9n, pero el color se ha hecho m\u00e1s vivo, y los pueblan gentes de Ecuador, de Marruecos, de Guinea, Senegal, Colombia o China. Madrid tiene la facultad de acostumbrarse r\u00e1pido, por mucho que haya discursos catastrofistas, a estas corrientes demogr\u00e1ficas, y se comporta como una ciudad flexible, abierta al cambio, sobre todo en sus barrios populares. Son esos barrios de clase trabajadora los que tradicionalmente han albergado a los reci\u00e9n llegados. Los que acusan el choque cultural y los que integran. Es ah\u00ed donde sigue produci\u00e9ndose el primer examen de convivencia, porque mientras el turista pasea por el centro hist\u00f3rico de paso, quien llega a un barrio lo hace con el fin de ganarse la vida y tal vez de quedarse para siempre.<br \/>\nCuando les dec\u00eda que m\u00e1s que ser de Madrid \u201csoy Madrid\u201d, porque lo soy, estaba refiri\u00e9ndome a esa peculiaridad que posee nuestra ciudad de incorporarnos de inmediato a su paisaje y de convertirnos en fieles propagandistas de su car\u00e1cter. Hace a\u00f1os yo pensaba que Madrid no ten\u00eda un car\u00e1cter espec\u00edfico, era incapaz de distinguirlo porque estaba inmersa en \u00e9l: me hicieron falta unos cuantos a\u00f1os lejos para observarlo, sentirlo y para que esos extranjeros que aman Madrid m\u00e1s que nosotros mismos me expresaran cu\u00e1les eran las razones por las que encontraba este ciudad tan peculiar.<br \/>\nAhora entiendo por qu\u00e9 me costaba definir su personalidad: este car\u00e1cter fuerte, \u00e1spero pero amigable, algo rudo, directo en el habla hasta provocar el desconcierto del reci\u00e9n llegado, de esp\u00edritu nocturno y callejero, no reside en unas tradiciones muy marcadas o en claros rasgos identitarios, sin embargo, a Madrid se le encuentra a cada paso, en la manera determinada con que la gente se adue\u00f1a de la calle. Madrid, el Madrid que paseamos cada uno por las aceras, tiene una manera de ir por la calle. Los madrile\u00f1os somos due\u00f1os del asfalto, como si estuvi\u00e9ramos demostrando en nuestro andar decidido y soberano aquellos versos de Gloria, la de Lavapi\u00e9s, Gloria Fuertes, cuando dec\u00edan, \u201cMadrid es mi asfalto\u201d, que es como otros hablan de su tierra, pero de manera m\u00e1s canallesca y cimarrona. Madrid, los muchos Madriles que cada uno representa, sabe ir por la calle con mucho arte y no ha perdido esa capacidad mundana, popular y callejera con la que brujuleaban de un lugar a otro los personajes de Gald\u00f3s o los de Valle Incl\u00e1n. \u201cCada cual lleva consigo su novela\u201d, dec\u00eda Gald\u00f3s. \u201cCada uno, dir\u00eda yo, lleva consigo su Madrid\u201d.<\/p>\n<p>Cuando llegu\u00e9 a la adolescencia empec\u00e9 a viajar sola a la ciudad. Lo consegu\u00ed estudiando en un instituto dentro del Retiro, el Isabel La Cat\u00f3lica. Hacer pellas por el parque, comenzar a leer peri\u00f3dicos y adquirir una conciencia pol\u00edtica fue el inicio de mi madurez. La madurez consiste en algo tan simple como que una muchacha tome el autob\u00fas de su barrio y se vaya a descubrir la ciudad. Aquella chica que era yo quedaba fascinada al comprobar que en el centro que yo hab\u00eda imaginado electrizante y peliculero coexist\u00edan unos peque\u00f1os barrios cosidos a otros, como un enjambre o un laberinto, ten\u00edan esos barrios centrales un aire inesperado de ambiente pueblerino, en los que todav\u00eda las viejas sal\u00edan en bata a hacer la compra y hab\u00eda abuelos que se asomaban en camiseta al balc\u00f3n. Todo eso mezclado y alterado por el aluvi\u00f3n ochentero de las tribus urbanas, que coincidi\u00f3 con el momento en que comenc\u00e9 a trabajar en la radio.<br \/>\nA\u00f1o 1981 y ah\u00ed estaba yo con 19 a\u00f1os en el piso m\u00e1s alto de la calle Huertas sintiendo en mi ignorancia optimista que la ciudad se rend\u00eda a mis pies. Y de alguna manera, era cierto, porque tal y como dec\u00eda Garc\u00eda M\u00e1rquez, feliz e indocumentada, pude registrar con mi cassette los acontecimientos que sacudieron a la ciudad y los personajes que la agitaron. Conoc\u00ed a Tierno Galv\u00e1n y luego cubr\u00ed su entierro con palabras de enorme sentimentalidad y mala poes\u00eda. Sal\u00ed a captar el sonido de la calle la noche de la primera victoria socialista del 82 y tambi\u00e9n particip\u00e9 con alegre determinaci\u00f3n sindicalista en la huelga general del 88. Entrevist\u00e9 a esos personajes de la Movida que tocaron la gloria que luego en su mayor\u00eda se quedar\u00edan en nada. Pero yo no era una moderna, yo era la chica de un barrio de Madrid con el pelo te\u00f1ido de rojo o de negro chinesco, con los labios pintados casi de morado, que despu\u00e9s de zascandilear por el centro, tomaba el autob\u00fas y me volv\u00eda a casa. El autob\u00fas o un taxi, porque en los tiempos de tantas seductoras y peligrosas dependencias, mi vicio se centraba en el taxi y el verm\u00fa.<br \/>\nLos camareros del bar Murillo, situado frente a la radio, en la calle Huertas, me pon\u00edan el vermut en la barra seg\u00fan me ve\u00edan salir de trabajar. Eso no lo puede decir mucha gente con 21 a\u00f1os. Yo era alguien en esta ciudad antes de que el p\u00fablico me conociera. Y me afanaba para llegar a ser la chica m\u00e1s zascandila y sabelotodo de la Villa. Yo iba con el enorme cassette de Radio Cadena Espa\u00f1ola a la espalda y visitaba a las madres contra la droga de Vallecas, al Padre Llanos en el Pozo del T\u00edo Raimundo, a los ni\u00f1os de la escuela del Pozo del Huevo que luego se trasladar\u00edan al peculiar edificio de Sainz de O\u00edza. Me escapaba por la tarde a entrevistar a alguna anciana represaliada del franquismo, a Rosario Dinamitera, a Petra Cuevas, a la familia de Mercedes Landa, la presa m\u00e1s ilustre que hubo en las c\u00e1rceles franquistas. Iba una noche al Cabaret y otra a un concierto de rock. A m\u00ed me ven\u00eda bien todo. Mi estilo consist\u00eda en no tener un estilo definido, como as\u00ed es Madrid, en no entender de generaciones. Detesto las separaciones generacionales. A Madrid se la conoce frecuentando a viejos y a ni\u00f1os. \u00bfOs pod\u00e9is imaginar lo que yo he aprendido de Madrid escuchando a Fern\u00e1n G\u00f3mez, a Haro Tecglen, a Paco Valladares, a Mar\u00eda Dolores Pradera, Mingote, Carmen Mart\u00edn Gaite, Mar\u00eda Asquerino, Jaime de Armi\u00f1\u00e1n, Elena Santonja, Josefina Aldecoa o Gila? Escucharlos a ellos era escuchar a los ni\u00f1os de la guerra, a los que hab\u00edan jugado bajo las bombas. Hab\u00edan sido ni\u00f1os milagrosos, que atestiguaban cuando yo los conoc\u00ed, con su mera presencia, c\u00f3mo de valientemente resisti\u00f3 nuestra ciudad al asedio franquista. Confesaba Fern\u00e1n G\u00f3mez, ya viejo, cu\u00e1nto sufr\u00eda cuando al pasear por la calle ve\u00eda que algo muy querido por \u00e9l hab\u00eda desaparecido, c\u00f3mo cambiaban las esquinas y desaparec\u00edan los viejos restaurantes. Para m\u00ed, la muerte de algunos de estos personajes tan queridos y fundamentales para nuestra ciudad ha representado la p\u00e9rdida de una parte esencial de nuestra memoria, y siempre que puedo hablo de ellos. Porque Madrid ha sido la ciudad del olvido y eso tenemos que resolverlo. Es urgente.<br \/>\nLa chica de la radio que yo fui quer\u00eda vivir en el pasado de mi ciudad y en el presente. Deseaba seguir los pasos de mi padre, el mejor cliente que hayan tenido los bares en Madrid, el m\u00e1s pertinaz y el m\u00e1s sociable. Quer\u00eda que me ocurriera como a Federico Fellini en Roma, que levantaba la mano para tomar un taxi y le paraba cualquier romano para llevarlo a casa. Estaba deseosa de que me pasaran cosas inauditas y me acababan pasando. Quer\u00eda ser un personaje, s\u00f3lo me faltaba escribir mi obra, pero entonces se me iba el tiempo en la calle.<br \/>\nAhora todo el mundo habla de sus noches en el Penta, en el El\u00edgeme, en el Rockola, en el Vaiv\u00e9n. Conoc\u00eda esos lugares, claro que los conoc\u00eda, pero aquel no era del todo mi paisaje. Yo pasaba las horas tontas jugando al billar con mis colegas de la radio en bares algo mortecinos y poco frecuentados por esos modernos a los que deb\u00eda entrevistar por fuerza todos los d\u00edas. Y en bares de barra de zinc, que ahora est\u00e1n viviendo su momento de gloria.<br \/>\nAndaba mucho. A veces me volv\u00eda a mi barrio andando para concentrarme en alguna fantas\u00eda, en alg\u00fan amor no correspondido o en la idea de ser escritora que, finalmente, se quedaba en eso, en un proyecto, porque ten\u00eda demasiada ansiedad vital para concentrarme delante de una p\u00e1gina en blanco. Pero mientras andaba, ay, todo me parec\u00eda posible. Se me qued\u00f3 la costumbre infantil, bastante temeraria, de cruzar descampados para acortar el camino, porque en aquel entonces yo no conceb\u00eda el peligro, era inocente, poco dada a pensar en las consecuencias, por eso entiendo tanto a las chicas que quieren andar solas. Ahora, cuando al fin recuperamos la poes\u00eda clara, directa, de la madrile\u00f1\u00edsima Concha M\u00e9ndez, la verdadera art\u00edfice del arriesgado desaf\u00edo de andar sin sombrero por la Puerta del Sol en los a\u00f1os 20, que ha dado nombre a toda una generaci\u00f3n de mujeres artistas, recuerdo estos versos suyos cada vez que camino:<br \/>\nMe gusta andar de noche las ciudades desiertas,\u00a0\u2028cuando los propios pasos se oyen en el silencio.\u2028Sentirse andar, a solas, por entre lo dormido,\u2028es sentir que se pasa por entre un mundo inmenso.<\/p>\n<p>Andar ha sido mi forma de conocer el espacio. Las ciudades donde no se anda se mueren de pena. Se muere el aire por el humo de los coches y se reduce la posibilidad de aventura y de encuentro con otros seres humanos. Yo fui una ni\u00f1a de barrio gracias a que iba a mi colegio andando, a mi querida biblioteca, al cine con mis amigos; fui una chica de barrio porque anduve muchas veces de mi trabajo a casa, aunque hubiera de cruzar varios barrios y alg\u00fan descampado. M\u00e1s de una vez me ocurri\u00f3 como a Baroja y a Gald\u00f3s en aquel c\u00e9lebre paseo en el que caminando sin rumbo y distra\u00eddos mientras hablaban, hubo un momento en que Gald\u00f3s dijo: \u201cVamos a volvernos, Baroja, que esto ya es el campo\u201d.<br \/>\nPasear la ciudad es una manera de reivindicarla. Si de ese paseo desaparecen los ni\u00f1os y los viejos estamos cediendo la ciudad exclusivamente al negocio y la ciudad es algo m\u00e1s que eso. La ciudad es nuestra casa. Amar la ciudad es hacer barrio, defenderlo con nuestros actos a diario, reivindicarlo, y los barrios, como yo descubr\u00ed bien pronto no solo est\u00e1n en la periferia. Queremos que sigan vivos los barrios del centro. Mis personajes se han movido casi siempre por barrios populares, Vallecas, Carabanchel, Moratalaz, Pac\u00edfico, Las Rosas, Tetu\u00e1n. Cada vez que voy a uno de los lugares que eleg\u00ed para que se movieran mis personajes los lectores me expresan su agradecimiento. Sienten orgullo al ver escrito el nombre de su barrio en las p\u00e1ginas de un libro. Hay algo muy hondo en la relaci\u00f3n entre tu infancia y las calles en las que creciste, o como dec\u00eda Max Aub, \u201cuno es de donde ha hecho el bachillerato\u201d.<br \/>\nLos madrile\u00f1os, siempre rebeldes y poco dados a la sentimentalidad exaltada, hemos descartado muchas veces el sentir orgullo por nuestra ciudad. Mientras a otros les sobra el orgullo a nosotros nos falta. Salvo el orgullo gay, que en eso somos los primeros. Esta falta de complacencia en lo nuestro tiene la ventaja de que nos convierte en una ciudad abierta, pero vendr\u00eda bien de vez en cuando pregonar a los cuatro vientos cu\u00e1nto nos da esta ciudad, cu\u00e1nta vida, emoci\u00f3n, relaciones, distracci\u00f3n, y confesar sinceramente cu\u00e1nto nos gusta. Hay ciudades m\u00e1s monumentales, menos ca\u00f3ticas en su trazo, mejor conservadas, pero cu\u00e1nto nos gusta Madrid, cu\u00e1nto la echamos de menos. Aqu\u00ed nos pueden pasar cosas. Una ciudad ha de ser el sitio donde te puedan pasar aventuras inesperadas. Yo salgo de casa y no veo el momento de recogerme. Yo pregono mi amor por Madrid, porque s\u00e9 lo que es experimentar una nostalgia inmensa de esta ciudad. \u201cEres mi casa, Madrid, mi existencia\u201d, dijo Miguel Hern\u00e1ndez cuando escribi\u00f3 versos en su defensa, y as\u00ed lo he sentido yo cuando estaba lejos.<br \/>\nNo es Madrid una ciudad insulsa o adormecida, en su car\u00e1cter hay un pronto reivindicativo y libre, poco formal, popular, castizo, chulo, es Madrid pueblo y ojal\u00e1 que no lo pierda esa condici\u00f3n nunca. Madrid, capital de la gloria, el rompeolas de todas las Espa\u00f1as, Madrid capital hoy del feminismo, por sus arterias caminan miles de mujeres que anhelan la igualdad y hombres que aman su compa\u00f1\u00eda y abrazan su lucha. Ese Paseo de Recoletos, esa fuente de una Cibeles que va a pasar de madridista a feminista. \u00bfPor qu\u00e9 no sentir algo de orgullo? Un orgullo leg\u00edtimo y jam\u00e1s excluyente.<br \/>\nSoy Madrid porque nac\u00ed en C\u00e1diz, porque mis padres me trajeron aqu\u00ed a los 12 a\u00f1os, soy Madrid porque soy una Isidra, porque soy de barrio, porque llevo en m\u00ed el acento de la calle y me sale cuando estoy alegre o cuando me indigno. Soy Madrid porque soy callejera, chula, respondona, reivindicativa, quedona, zascandila, soy Madrid porque Madrid es as\u00ed y ojal\u00e1 que jam\u00e1s deje de serlo. \/<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No busco Madrid porque Madrid va siempre conmigo. Soy su esencia, soy Madrid. Soy Madrid porque, como dec\u00eda Gald\u00f3s, el madrile\u00f1o, la madrile\u00f1a, es fruto de andaluz y aragonesa, o viceversa, y con eso quer\u00eda decir que Madrid asume sin trauma que sus ciudadanos hayamos nacido en cualquier lugar de Espa\u00f1a o del mundo. 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