{"id":2339,"date":"2013-07-15T21:26:33","date_gmt":"2013-07-15T20:26:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/?p=2339"},"modified":"2013-09-04T02:21:15","modified_gmt":"2013-09-04T01:21:15","slug":"la-cara-de-la-bondad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/introducciones\/la-cara-de-la-bondad\/","title":{"rendered":"La Cara de la Bondad"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/07\/Audrey-Hepburn-audrey-hepburn-30086575-1280-925.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-2340\" title=\"Audrey-Hepburn-audrey-hepburn-30086575-1280-925\" src=\"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/07\/Audrey-Hepburn-audrey-hepburn-30086575-1280-925-460x332.jpg\" alt=\"\" width=\"460\" height=\"332\" srcset=\"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/07\/Audrey-Hepburn-audrey-hepburn-30086575-1280-925-460x332.jpg 460w, https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/07\/Audrey-Hepburn-audrey-hepburn-30086575-1280-925-122x88.jpg 122w, https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/07\/Audrey-Hepburn-audrey-hepburn-30086575-1280-925.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 460px) 100vw, 460px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Resulta asombroso que las dos actrices del siglo XX cuya imagen se convirti\u00f3 en ic\u00f3nica casi desde el inicio de su carrera sean tan diferentes en cuerpo y en alma. Marilyn Monroe y Audrey Hepburn: la carne y el hueso, la sexualidad evidente y la elegancia, el descaro y el pudor, el desasosiego interior y la serenidad. Curioso es tambi\u00e9n que sus dos nombres se barajaran para protagonizar a una de las hero\u00ednas literarias del pasado siglo, la Holly Golightly de \u201cBreakfast at Tiffany\u00b4s\u201d, aunque finalmente el director Blake Edwards se decantara por Audrey.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>No se puede hablar de Hepburn, como tampoco se podr\u00eda hablar de Marilyn, sin contemplar su infancia y su juventud, porque es ah\u00ed donde encontramos las claves para interpretar una sensibilidad que emanaba de los sinsabores a los que la vida la someti\u00f3 desde muy ni\u00f1a. Nacida en B\u00e9lgica de unos progenitores de ascendencia aristocr\u00e1tica, vivi\u00f3 desde muy temprana edad la rigidez de un internado ingl\u00e9s, adonde la enviaron para que adquiriera una educaci\u00f3n distinguida y biling\u00fce, y poco m\u00e1s tarde el trauma del abandono del padre, con el que no volver\u00eda a reencontrarse hasta haberse convertido en estrella de cine.<br \/>\nRegres\u00f3 del internado para reunirse con su madre en el \u00faltimo vuelo que parti\u00f3 desde Inglaterra a Holanda a principios de la Segunda Guerra, y all\u00ed permaneci\u00f3 hasta su fin, en la casa de sus abuelos maternos. Holanda fue ocupada por los alemanes y la familia de la adolescente Audrey padeci\u00f3 el hambre y la continua humillaci\u00f3n a los que sometieron los invasores al pueblo holand\u00e9s. Su vivencia como testigo de la persecuci\u00f3n nazi a los jud\u00edos y la implacable crueldad con la que fueron tratados los no colaboracionistas dejaron en su memoria una herida imposible de curar. A pesar de su juventud particip\u00f3 en la resistencia ofreciendo en casas privadas coreograf\u00edas de su propia cosecha que eran compensada con donativos que nutr\u00edan el fondo com\u00fan de aquellos que luchaban clandestinamente. Destac\u00f3 desde ni\u00f1a como bailarina aunque la guerra trunc\u00f3 en gran medida los a\u00f1os decisivos de aprendizaje. Su familia se comport\u00f3 de manera heroica, acogiendo en casa a ciudadanos que hab\u00edan sido evacuados de la peque\u00f1a localidad de Arnhem, donde se libr\u00f3 una de las batallas m\u00e1s sangrientas de la liberaci\u00f3n. El abuelo instal\u00f3 incluso una barra de ballet para que Audrey distrajera a las ni\u00f1as con clases que aliviaran el ambiente de tragedia. Fue sin duda un indicio de lo que m\u00e1s tarde, en el \u00faltimo acto de su vida, constituir\u00eda un compromiso absoluto con la infancia. Aun as\u00ed, jam\u00e1s se sinti\u00f3 con fuerzas para representar en el cine el sufrimiento infantil. A pesar de que fuera Otto Frank, el padre de Anna, el que la propusiera para interpretar a su hija en el cine, Audrey declin\u00f3 la oferta confesando que no ten\u00eda valor para ponerse en la piel de una muchacha a la que ella sent\u00eda tan dolorosamente cercana.<br \/>\nLa guerra termin\u00f3 y madre e hija se fueron a Londres tratando de afianzar la carrera de Audrey como primera bailarina; pero a pesar del indudable talento de la joven para el ballet cl\u00e1sico, dos cosas frustraron su vocaci\u00f3n: el 1,70 de estatura, que la hac\u00eda dif\u00edcil de emparejar, y los efectos que sobre su salud hab\u00eda provocado la guerra. Audrey supo aceptar las malas noticias y recondujo su talento hacia la revista musical. De la necesidad hizo virtud y se sinti\u00f3 feliz al ver remunerados sus primeros trabajos, en los que destac\u00f3 desde el principio por un encanto que compensaba unas formas poco sexys. Consigui\u00f3 un peque\u00f1o papel en una pel\u00edcula que se rodaba en Montecarlo y fue all\u00ed donde Colette, la escritora, repar\u00f3 en ella para el musical que estaban adaptando sobre su novela \u201cGig\u00ed\u201d en Broadway. La gran insistencia de la autora coloc\u00f3 a Audrey en las tablas del teatro americano.<\/p>\n<p>El resto es m\u00e1s conocido por todos. \u201cVacaciones en Roma\u201d, \u201cCara de \u00c1ngel\u201d, \u201cHistoria de una monja\u201d, \u201cLos que no perdonan\u201d, \u201cDos en la carretera\u201d, \u201cDesayuno con diamantes\u201d o \u201cSola en la oscuridad\u201d. Tambi\u00e9n es sabida la reverencia que muchos directores la dispensaron por un car\u00e1cter modesto y disciplinado que facilitaba el ambiente de rodaje y por esa luminosidad que destaca en todas sus interpretaciones. Ella se ve\u00eda larguirucha, demasiado flaca, de pies demasiado grandes, aletas de la nariz demasiado pronunciadas, dientes descolocados; pero ninguno de esos supuestos defectos le rest\u00f3 atractivo. Am\u00f3 y fue amada. Mel Ferrer se convirti\u00f3 en su primer marido con el que tuvo un hijo, Sean, que ha glosado con devoci\u00f3n la vida de su madre. El segundo hijo, Luca, fue fruto de un segundo matrimonio con el psiquiatra italiano Andrea Dotti, con el que disfrut\u00f3 de una vida familiar en Roma que pr\u00e1cticamente la apart\u00f3 del cine. En estos d\u00edas, precisamente, se ha publicado un fabuloso libro de im\u00e1genes de sus paseos romanos con Mr. Famous, su querido yorkie. Pero a mediados de los setenta, asustada por el cariz violento que estaba experimentando la vida italiana, sac\u00f3 a sus hijos del pa\u00eds y se los llev\u00f3 a Suiza. La polic\u00eda hab\u00eda al matrimonio de la siniestra posibilidad de que los secuestraran. Fue por tanto, en una casa de campo suiza, \u201cLa Paisable\u201d, donde establecer\u00eda su hogar definitivo.<br \/>\nNo hizo demasiadas pel\u00edculas. O no tantas como podr\u00eda haber protagonizado. Era una mujer que anhelaba la vida familiar y que prefer\u00eda el aire libre y la compa\u00f1\u00eda de sus perros al universo siempre ficticio de Los \u00c1ngeles. All\u00ed, en La Paisable, muri\u00f3 su madre, la que fuera ejemplo de entereza y contenci\u00f3n. All\u00ed fueron sus hijos al colegio y all\u00ed se la ve\u00eda ir a comprar a diario en los mercadillos callejeros. Suiza le proporcionaba el ambiente de sosiego que Roma le hab\u00eda negado. Fue elegante siempre, en su vida campestre, en los actos sociales y en la gran pantalla, donde quedar\u00e1 para siempre asociada con su querido Givenchy, que la convirti\u00f3 en musa de un estilo hoy sigue siendo un s\u00edmbolo de distinci\u00f3n. No es a su naturaleza desgarbada a lo que hay que atribuirle esa cualidad aristocr\u00e1tica que siempre la defini\u00f3, sino a una cualidad que emanaba de dentro, relacionada con un esp\u00edritu que nunca se dej\u00f3 desquiciar por la ambici\u00f3n. Sus hijos la han descrito como una mujer que escond\u00eda un fondo de tristeza, atribuido a la dureza de una guerra que no consigui\u00f3 olvidar, como tampoco super\u00f3 el abandono de su padre. Como sucede con los hijos inexplicablemente abandonados, Audrey quiso reencontrarse con \u00e9l; tambi\u00e9n le mantuvo en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida.<br \/>\nTras divorciarse del psiquiatra, la actriz encontr\u00f3 a su tercer hombre, Robby Wolders, en Los \u00c1ngeles. Casualmente, \u00e9l tambi\u00e9n proced\u00eda de aquella Holanda invadida de la guerra; ambos pudieron compartir el peso que ejerc\u00edan los recuerdos del invierno del hambre del 44, en el que se encontraban tan cerca el uno del otro muchos a\u00f1os antes de conocerse. Con Wolders pas\u00f3 su etapa de madurez, casi apartada del cine pero no inactiva, pues se entregar\u00eda en cuerpo y alma a la causa de los Derechos del Ni\u00f1o, que impuls\u00f3 con sus incesantes viajes por los pa\u00edses pobres y de la cual se convirti\u00f3 en aut\u00e9ntica inspiradora. Tampoco se puede escribir sobre la peripecia vital de esta dama sin detenerse en lo que fue una actividad humanitaria que constituir\u00eda el centro de su existencia. Fue un tercer acto, describi\u00f3 Wilder, a la medida de su altura como ser humano. Billy Wilder, que la adoraba, dec\u00eda que cuando Audrey Hepburn sonre\u00eda lo hac\u00eda de verdad, igual que cuando abrazaba a un hombre en la pantalla o cuando lloraba. No hab\u00eda en mujer tan elegante un \u00e1pice de amaneramiento o de impostaci\u00f3n.<br \/>\nMuri\u00f3 en su casa de campo, en 1993, tras unas Navidades plenas, rodeada de su familia. Tuvo tiempo de despedirse con calma de los suyos. Podr\u00eda decirse que Audrey Hepburn hizo de la bondad un tipo sutil de belleza. \u201cSiento con intensidad que todo empieza en la bondad\u201d, dijo. No eran s\u00f3lo palabras. Los que la conocieron dicen que vivi\u00f3 siempre de acuerdo a ese pensamiento.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Resulta asombroso que las dos actrices del siglo XX cuya imagen se convirti\u00f3 en ic\u00f3nica casi desde el inicio de su carrera sean tan diferentes en cuerpo y en alma. 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