{"id":12,"date":"2008-08-09T02:43:18","date_gmt":"2008-08-09T01:43:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/?p=12"},"modified":"2010-08-04T04:29:41","modified_gmt":"2010-08-04T03:29:41","slug":"otro-post-de-prueba","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/sobre-elvira-lindo\/otro-post-de-prueba\/","title":{"rendered":"Elvira Lindo, una cuesti\u00f3n de estilo"},"content":{"rendered":"<p><strong>Art\u00edculo de Antonio Mu\u00f1oz Molina<\/strong><\/p>\n<p>En un hotel de Mallorca vive en familia la fase m\u00e1s descansada del raro oficio de la literatura, ese tiempo que transcurre entre el final de un libro y su aparici\u00f3n p\u00fablica, entre la soledad de inventar y el tumulto siempre un poco angustioso de presentaciones. <!--more-->Le pregunto qu\u00e9 es mejor, si escribir o haber escrito, y me responde ,antes de decir una palabra, con una gran sonrisa de pereza y alivio: haber escrito, por supuesto, no tener la obligaci\u00f3n de ponerse delante del ordenador, la tarea inquietante de volver sobre lo escrito hace meses y ya casi olvidado para corregirlo, para remediar descuidos. Una ma\u00f1ana de julio, en la terraza de un hotel de Mallorca, contra un fondo sonoro de voces inglesas de ba\u00f1istas y chapuzones en el agua, Elvira Lindo se recuesta perezosamente en una hamaca y sonr\u00ede al pensar, no sin algo de incredulidad, que su novela est\u00e1 entregada, y que en Madrid la editorial trabaja en los detalles de la maquetaci\u00f3n y la portada, y tambi\u00e9n que a\u00fan falta un tiempo considerable, casi dos meses, para que tenga que enfrentarse a las entrevistas y al desasosiego de esperar las cr\u00edticas y las reacciones de los lectores, pero ni siquiera ahora se est\u00e1 quieta, no se abandona del todo a la indolencia. \u201cQu\u00e9 raro\u201d, dice, como intrigada por uno de esos misterios del car\u00e1cter propio que ni uno mismo sabe explicar, \u201cque siendo yo tan vaga no pare nunca de trabajar. Pero en el fondo no tengo disciplina, yo como esos ni\u00f1os distra\u00eddos que necesitan la presi\u00f3n del maestro para aplicarse de verdad a algo\u201d.<br \/>\nY sin embargo, ni ahora mismo, mientras le pido que me cuente cosas sobre el proceso de invenci\u00f3n y escritura de su novela, sentado frente a ella en la terraza, sabe estarse quieta, y me habla sin dejar de coser los bajos a unos pantalones vaqueros, con esa r\u00e1pida destreza que hay siempre en sus gestos, lo mismo cuando teclea en un ordenador que cuando cocina o pone orden en la casa. Tras el primer plano sonoro de los chapuzones en la piscina viene el rumor algo m\u00e1s lejano de las olas breves y d\u00e9biles en la orilla. Ahora es un buen momento para recordar gustosamente d\u00f3nde estuvo ese punto de partida, tantas veces casual, que pone en marcha ese mundo a la vez ilusorio y verdadero que es una novela.<br \/>\n-La primera idea  fue una imagen muy clara, dos mujeres hablan de algo que les importa mucho a las dos, una desgracia que acaba de suceder, pero esa desgracia no es lo que les parece m\u00e1s grave: a una le importa m\u00e1s el dinero, y a la otra lo que le importa es la verg\u00fcenza. Era de esas veces en las que no tienes que esforzarte para inventar, porque el di\u00e1logo estaba entero en mi cabeza mucho antes de escribirlo.<br \/>\n-\u00bfLas imaginabas f\u00edsicamente?<br \/>\n-Desde luego. Una de ellas con estilo, burguesa, o por lo menos con una posici\u00f3n s\u00f3lida, con el pelo liso, atractiva, aunque a veces tenga un gesto un poco r\u00edgido; la otra con el pelo rizado, m\u00e1s claro, con una cierta belleza natural, una de esas mujeres de esqueleto grande, pero poco sensual, poco preocupada por gustar. Esa es una de las grandes diferencias entre las dos: Eulalia, la mujer bien situada, siente la necesidad de gustar, y eso le provoca ansiedad, preguntarse siempre si estar\u00e1 gustando.<br \/>\nLa novela en la que esas dos mujeres se citan para un encuentro en el que, como sugiere su t\u00edtulo, deber\u00e1n enfrentarse a algo m\u00e1s inesperado que la muerte, empez\u00f3 siendo un largo di\u00e1logo, e incluso hubo el proyecto de hacer una obra de teatro. En el cine espa\u00f1ol de los \u00faltimos a\u00f1os los di\u00e1logos escritos por Elvira Lindo han despertado una admiraci\u00f3n casi un\u00e1nime, y en todos sus libros anteriores, lo mismo que en sus intervenciones radiof\u00f3nicas, la palabra hablada ha sonado con una frescura y una riqueza inventiva casi olvidadas entre nosotros. Pero ella se dio cuenta, cuando surgieron en su imaginaci\u00f3n esas dos mujeres, la una frente a la otra, distintas y unidas por un v\u00ednculo secreto que una no puede y la otra no quiere romper, que esta vez la historia que estaba inventando no pod\u00eda ser escrita para el cine, y adem\u00e1s que el presente inmediato de la conversaci\u00f3n tendr\u00eda ramificaciones temporales en las que hasta ahora ella no se hab\u00eda internado.<br \/>\n-A m\u00ed me gusta mucho escribir para el cine, pero cuando se escribe un gui\u00f3n hay muchas cosas que no pueden explicarse. Hay pensamientos muy \u00edntimos que el di\u00e1logo no puede revelar.  Y en el cine no hay tiempo para contar muchas cosas. En ese sentido la novela me parece m\u00e1s completa, m\u00e1s satisfactoria.<br \/>\n-Pero esta vez te has permitido libertades que no estaban en tus libros anteriores, ni siquiera en El otro barrio. Ahora has contado una historia que se remonta a los a\u00f1os de la Rep\u00fablica y de la guerra civil&#8230;<br \/>\n-Eso me costaba, porque yo tengo la costumbre de escribir de una manera muy pr\u00e1ctica, pensando en lo que es necesario para el desarrollo de la narraci\u00f3n, y enseguida temo que algo est\u00e9 de sobra si no va directamente al n\u00facleo de la historia. A diferencia de muchos escritores, no tengo indulgencia para lo que yo misma escribo, yo creo que porque me form\u00e9 escribiendo en la radio, haciendo cosas que ten\u00edan que leerse de manera inmediata. En esta novela se me ocurr\u00edan sucesos y personajes que se apartaban del relato central, y no estaba segura de dejarme llevar por ellas, pero me di cuenta de que ten\u00eda que atreverme, porque todos esos detalles formaban parte de la historia que yo quer\u00eda contar. Hubo un momento en que necesit\u00e9 inventar algo muy raro que le pasa a uno de los personajes, durante la guerra, una de esas historias que se leen en libros de memorias. Y de pronto se me ocurri\u00f3, lo vi, vi lo que le hab\u00eda sucedido a ese hombre cambi\u00e1ndole la vida.<br \/>\n-\u00bfY te acuerdas d\u00f3nde estabas cuando se te ocurri\u00f3?<br \/>\n-Claro que me acuerdo: estaba en la peluquer\u00eda. Estaban lav\u00e1ndome el pelo y lo vi con toda claridad.<br \/>\nEmpez\u00f3 esta novela una tarde de octubre, el a\u00f1o pasado, en Nueva York. Ella dice que es muy inconstante, pero en aquellos d\u00edas, tan pocas semanas despu\u00e9s del casi apocalipsis de las torres gemelas, cuando viv\u00edamos en un sobresalto continuo de sirenas policiales y noticias alarmantes, ella se sentaba frente al ordenador, junto a un ventanal que daba a Lincoln Square, y escrib\u00eda sin darse cuenta de que la luz de la tarde se estaba extinguiendo, lentamente suplantada por la claridad escasa de las farolas de Manhattan. Entonces se le olvidaba el miedo a los atentados, a los aviones, al polvo blanco del \u00e1ntrax que parec\u00eda estar en cualquier parte. Yo me asomaba a su cuarto de trabajo, le dec\u00eda que me marchaba y ella me dec\u00eda adi\u00f3s sin apartar del todo la vista de la pantalla. Cuando regresaba, varias horas m\u00e1s tarde, trayendo conmigo el fr\u00edo de la calle y una bolsa con sandwiches jud\u00edos y ensalada de col para la cena, Elvira segu\u00eda escribiendo, y yo entraba con sigilo en la habitaci\u00f3n, por miedo a sobersaltarla, a hacerla salir demasiado bruscamente del mundo imaginario que hab\u00eda ido tejiendo en torno suyo. Durante esas horas no hab\u00edamos estado en la misma ciudad: ella hab\u00eda vivido en el Madrid de la posguerra y en el de los a\u00f1os setenta, en M\u00e1laga unos d\u00edas antes de que la tomaran las tropas franquistas, en un peque\u00f1o piso de extrarradio donde una mujer aguarda a otra, junto a una habitaci\u00f3n donde hay algo que no se atreve a mirar, y calcula una por una las palabras que va a decirle, el modo en que le har\u00e1 saber algo que ya ha cambiado para siempre las vidas de las dos.<br \/>\nHasta ahora, las narraciones de Elvira Lindo han sucedido en el mismo \u00e1mbito temporal en el que se escrib\u00edan: en esta novela el presente de la vida es igual de tangible que en cualquiera de sus historias anteriores, y podr\u00eda decirse que la historia entera est\u00e1 contenida en un viaje angustiado en taxi por el Madrid de ahora mismo, el de una mujer que ha salido de compras en una tarde lluviosa de invierno y recibe de pronto una llamada de tel\u00e9fono, y sin saber muy bien por qu\u00e9 deja a un lado sus compromisos para acceder a una invitaci\u00f3n que en el fondo es una orden no explicada. Pero a las pocas p\u00e1ginas la novela se dilata en direcci\u00f3n a un pasado m\u00e1s lejano que la memoria personal, en un v\u00e9rtigo de viaje en el tiempo que es tambi\u00e9n un tr\u00e1nsito hacia los paisajes de la perifieria de Madrid. Hay otra novedad en este libro: el humorismo a la vez instintivo y cuidadosamente calculado que nunca falta en las historias de Elvira Lindo ha dejado paso a una tonalidad sombr\u00eda, a una observaci\u00f3n muy \u00e1cida de la debilidad y de la mezquindad humana. Hay un par de personajes admirables, un hombre y una mujer, pero los dos pertenecen a un tiempo pasado, el de la izquierda ilustrada de la Rep\u00fablica y el del antifranquismo obrero. Casi todas las dem\u00e1s figuras que se cruzan en la novela, que hablan, recuerdan, piensan lo que nunca se atrever\u00e1n a decir, calculan, lo mismo hombres que mujeres, dejan en el lector una impresi\u00f3n amarga, de impostura, de fraude.<br \/>\n-Viniendo de una mujer, los retratos femeninos en particular no son nada complacientes.<br \/>\n-En muchas novelas, incluso novelas escritas por mujeres, se repiten los estereotipos sobre lo femenino y lo masculino, que si los hombres son m\u00e1s pr\u00e1cticos, que si a las mujeres les importan m\u00e1s los sentimientos. Es verdad que a los hombres les cuesta en general hablar de sentimientos, pero eso no quiere decir que sean menos sentimentales, y menos todav\u00eda que las mujeres no puedan ser pr\u00e1cticas e interesadas. En mi novela, a Eulalia le importa mucho conservar el status social que ha conseguido, y para Teresa ni la sensualidad ni el amor tienen mucho atractivo.<br \/>\n-Y esos hombres, tan lamentables, vacuos o incompetentes, o las dos cosas a la vez. Ese escritor, tan fatuo, y el otro, Jorge, el m\u00e1s joven, que promet\u00eda tanto, y se queda en casi nada&#8230;<br \/>\n-El escritor, como pasa muchas veces, de cara a su p\u00fablico es muy profundo, pero en la realidad cercana es fr\u00edvolo, vanidoso. Nosotros hemos conocido a unos cuantos&#8230; En cuanto al otro, Jorge, tambi\u00e9n hemos conocido a mucha gente as\u00ed, personas que de j\u00f3venes promet\u00edan mucho, parec\u00eda que iban a  hacer algo grande, pero pasa el tiempo y no hacen nada, se acomodan, y cuando llegan a la madurez no queda ni rastro de lo que promet\u00edan. Es un tipo de personaje que abund\u00f3 mucho en la Transici\u00f3n, cuando hab\u00eda tantas promesas, cuando para algunos era tan f\u00e1cil tener posiciones ideol\u00f3gicas que parec\u00edan audaces, opiniones contundentes sobre cualquier cosa. A los que no ve\u00edamos las cosas tan claras esos personajes nos impresionaban mucho.<br \/>\nEl despertar inquieto de la adolescencia le sobrevino a Elvira justo en aquellos a\u00f1os del inmediato postfranquismo: de lo mejor de entonces queda una presencia conmovida en la novela, de las verbenas populares con banderas rojas, del vendabal reivindicativo en los barrios y el regreso a la plena luz de los viejos militantes perseguidos, los que revelaban de pronto la dignidad de una resistencia que apenas dej\u00f3 rastros de memoria en la mezquina Espa\u00f1a de los a\u00f1os ochenta y que casi nadie agradeci\u00f3. La admiraci\u00f3n por aquellos que hab\u00edan sobrevivido a condenas a muerte y a\u00f1os de c\u00e1rcel y ahora militaban en las asociaciones de vecinos o serv\u00edan vasos de pl\u00e1stico con daiquiri en las casetas del PC influy\u00f3 tanto a Elvira como su recelo instintivo ante los enterados arrogantes de la llamada progres\u00eda, los proveedores de certezas absolutas que estaban tan pagados de s\u00ed mismos y de sus ortodoxias y anatemas que no se molestaban en fijarse en la realidad, a no ser para dictaminar condenas inapelables de lo que no era correcto. Desde entonces, la incertidumbre, en Elvira, no ha sido s\u00f3lo un rasgo natural, sino tambi\u00e9n una actitud hacia el mundo: ha hecho tantas cosas, ha escrito guiones para radio y televisi\u00f3n, libros acerca de un ni\u00f1o de barrio que son excelente literatura, guiones de pel\u00edculas, novelas, y sin embargo me dice que no siente del todo que pertenezca a ning\u00fan oficio. Le pregunto por esa movilidad, por ese desasosiego de anguila con que pasa de un trabajo a otro. Yo, que tiendo a la lentitud, a aturdirme ante cualquier novedad, quiero saber a hacer algo muy bien y a abandonarlo enseguida, y ella parece, por la expresi\u00f3n de su cara, no haberse hecho nunca esta pregunta, de modo que me temo que su respuesta sea improvisada: pero la improvisaci\u00f3n, en Elvira, puede ser muy enga\u00f1osa.<br \/>\n-\u00bfQu\u00e9 por qu\u00e9 cambio tanto? Pues yo creo que porque me aburro f\u00e1cilmente. No me imagino haciendo siempre lo mismo, soy impaciente. Me gusta mucho la literatura, pero el mundo de los escritores me cansa, y yo no me considero una intelectual, no tengo un inter\u00e9s general por toda la cultura. Me gusta la libertad de escribir, pero me cansa que sea un trabajo solitario. Como me gusta mucho conversar y trabajar con gente, como se hace en la radio, disfruto trabajando en el cine, pero eso mismo acaba pronto cans\u00e1ndome, ese gremialismo besuc\u00f3n que hay muchas veces en la gente del cine, esos cari\u00f1os que parecen para toda la vida y se acaban al terminar una pel\u00edcula. Lo que me gusta menos es pensar que uno tiene que pertenecer a un grupo.<br \/>\nY esa convicci\u00f3n  de no pertenecer puedo asegurar que la pone rigurosamente en pr\u00e1ctica: ha escrito algunos de los libros que m\u00e1s \u00e9xito tienen entre los ni\u00f1os de unos cuantos pa\u00edses europeos y de Am\u00e9rica Latina, pero no pertenece al mundo de la literatura infantil, igual que no pertenece al mundo del cine por haber firmado algunos de los guiones m\u00e1s celebrados del reciente cine espa\u00f1ol.<br \/>\n-T\u00fa haces m\u00e1s cosas que nadie \u2013le digo- y adem\u00e1s juegas a lo contrario que casi todo el mundo. Casi todo el mundo, en nuestro trabajo, finge saber m\u00e1s de lo que sabe, y t\u00fa haces unas cr\u00f3nicas en las que juegas a parecer mucho m\u00e1s fr\u00edvola de lo que eres. \u00bfNo te da miedo que te juzguen por ese personaje, que en un pa\u00eds tan literal como \u00e9ste se tome en serio lo que t\u00fa dices en broma?<br \/>\n-Pues el que se tome esas cosas en serio lo siento mucho, porque si no sabe percibir la iron\u00eda es que no es muy inteligente. A m\u00ed me gusta hacer de m\u00ed un personaje c\u00f3mico, que est\u00e1 lleno de defectos, como lo han estado siempre los personajes humor\u00edsticos. Pero el humor en Espa\u00f1a ha consistido casi siempre en que el humorista se r\u00ede de los dem\u00e1s, nunca de s\u00ed mismo. Yo leo algunas novelas y me parece incre\u00edble que el autor haga un protagonista que tiene tantos m\u00e9ritos, que claramente es un reflejo de la idea que el autor tiene de s\u00ed mismo: no les falta nada, ni belleza, ni inteligencia, ni audacia. Es como esas aventuras que nos imagin\u00e1bamos en la adolescencia, en las que uno quedaba siempre muy bien, muy literario. A m\u00ed me han gustado siempre mucho esos autores que hac\u00edan humor a partir de s\u00ed mismos, como Woody Allen, o como Bashevis Singer, que inventa esos personajes enamoradizos y angustiados, llenos de deseos y de remordimientos.<br \/>\nBashevis Singer, Woody Allen, John Cheever, las canciones de Gershwin o de Cole Porter, las hero\u00ednas  de P\u00e9rez Gald\u00f3s: huyendo de los trabajos, de los estereotipos, de las figuras aceptadas o aceptables de lo que es un escritor, Elvira se ha inventado para s\u00ed misma una tradici\u00f3n en la que se siente c\u00f3moda, un perfil posible de lo que le gusta ser: no una intelectual, desde luego, porque, como se ve claro en la literatura norteamericana, un escritor no tiene por qu\u00e9 serlo, y porque ella, lo dice con perfecta sinceridad, no tiene un inter\u00e9s incondicional por lo que se llama la cultura. Ha le\u00eddo, desde que era una ni\u00f1a fantasiosa y comedianta, muchos m\u00e1s de lo que pueden imaginarse quienes la confunden con el personaje de sus columnas dominicales, del mismo modo que es m\u00e1s reflexiva de lo que uno imaginar\u00eda vi\u00e9ndola actuar con esa rapidez tan desahogada de sus gestos, pero no hay el menor rastro de gravedad libresca ni en su manera de escribir ni de hablar. Ha logrado que parezcan espont\u00e1neos los veloces di\u00e1logos y los golpes de humor que abundan en todo lo que escribe, y sabe esconder el esfuerzo que hace posible la claridad de su estilo, aunque tampoco ignora que en Espa\u00f1a la pomposa pesadez tiene m\u00e1s prestigio que la ligereza. Agradece cada d\u00eda la buena suerte de ganarse la vida con un trabajo que permite tanta libertad, que tiene tanto que ver con las cosas que a uno m\u00e1s le gustan. Yo creo que lo que m\u00e1s le importa, desde que era muy joven, es vivir con arreglo a un cierto sentido est\u00e9tico, a unas formas a la vez muy cuidadosas y muy personales, y por eso le desagradaba tanto el desarreglo progre de los a\u00f1os setenta, la indiferencia a la belleza de los pormenores de la vida cotidiana, y en el que es muy f\u00e1cil incurrir, a poco que uno se abandone. Pero en ese aspecto ella nunca baja la guardia, nunca se resigna a aceptar rutinariamente la fealdad en las cosas que la rodean, las faltas de delicadeza en el comportamiento. Hay escritores que cuidan mucho su prosa y no son capaces de percibir ni de cuidar los objetos que tienen a su alrededor: Elvira pone el mismo cuidado en escribir un art\u00edculo que en elegir una prenda de ropa, unas sandalias, el color de la pintura de una pared, la disposici\u00f3n de las copas en la mesa donde va a recibir a unos amigos.<br \/>\n-La est\u00e9tica, todo lo que antes parec\u00eda burgu\u00e9s, eso me ha gustado mucho siempre, el estilo, sobre todo esa clase de estilo de quienes no parece que lo tienen, o no se preocupan mucho por tenerlo. Emilio Lled\u00f3, por ejemplo, que es tan sabio, y tiene ese estilazo vistiendo, esas chaquetas, esas corbatas de punto, o Paco Nieva. El estilo no tiene nada que ver con la moda. Hay gente que sigue la moda fan\u00e1ticamente y sin embargo no llega a tener estilo nunca.<br \/>\nYo creo que si tengo que definir a Elvira, la clave estar\u00eda en eso, en un cierto estilo que no est\u00e1 nada calculado, aunque sea el resultado de una serie de elecciones instintivas que ya parece que estaban en ella cuando uno mira sus fotos de ni\u00f1a. Un estilo de escribir y de vivir, que es tan suyo como su voz o como su manera de caminar, como la iron\u00eda con la que se mira a s\u00ed misma y a quienes la rodeamos, convirti\u00e9ndonos a todos en personajes de la comedia que est\u00e1 sucediendo siempre en su imaginaci\u00f3n. Pero la iron\u00eda se diferencia de la burla en que tiene una veladura de melancol\u00eda, inseparable de la ternura, de la conciencia de la fragilidad de las cosas y de la huida sigilosa del tiempo: hay un pudor en el descaro y en el humorismo, un no decidirse del todo a hablar en serio, a dar cuenta del dolor y de la oscuridad que se esconde en cada uno de nosotros. En esta novela, por primera vez, Elvira Lindo ha vencido ese pudor, ha querido y sabido abandonarse a una invenci\u00f3n que calaba muy hondo en las almas de los hombres y de las mujeres y en los infortunios de la historia espa\u00f1ola del \u00faltimo siglo. Ahora tendr\u00eda derecho a descansar, pero no sabe, siempre anda un poco acelerada, y enseguida se levanta de su butaca y busca un tel\u00e9fono en la agenda, llama a la radio para concertar alg\u00fan detalle de sus entrevistas. De pronto se acuerda de otra novela que empez\u00f3 a escribir y dej\u00f3 a un lado hace un par de a\u00f1os, y es posible que sin decir nada ya est\u00e9 inventando pormenores futuros, di\u00e1logos que surgen enteros en su imaginaci\u00f3n, como si los hubiera escuchado y s\u00f3lo tuviera que transcribirlos. Ojal\u00e1 no tarde mucho en sentarse de nuevo a escribir.<br \/>\n<!--more--><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>M\u00e1s vale novela en mano que ciento volando. Haber escrito sin duda es mejor que escribir.<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":381,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[32],"tags":[6],"class_list":["post-12","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-sobre-elvira-lindo","tag-sobre-elvira"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":570,"href":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12\/revisions\/570"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media\/381"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}