{"id":1080,"date":"2010-12-14T16:37:52","date_gmt":"2010-12-14T15:37:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/?p=1080"},"modified":"2010-12-14T16:37:52","modified_gmt":"2010-12-14T15:37:52","slug":"sobre-tristana-la-loca-de-la-casa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/textos-literarios-2\/sobre-tristana-la-loca-de-la-casa\/","title":{"rendered":"Sobre Tristana y La Loca de la Casa"},"content":{"rendered":"<p>Varias veces ha llegado a mi vida <a href=\"http:\/\/www.casadellibro.com\/homeAfiliado?ca=6652&amp;isbn=9788437624952\" target=\"_blank\">Tristana<\/a>. La primera de ellas en mi adolescencia. A pesar de que yo me consideraba a m\u00ed misma extremadamente audaz para mis dieciseis a\u00f1os, no deb\u00eda de serlo en absoluto, porque la palabra \u201cdeshonra\u201d, que alienta toda la historia de esta hero\u00edna, no alcanz\u00f3 en mi juvenil entendimiento su sentido real y di por supuesto que, en la \u00e9poca galdosiana, bastaba con una joven compartiera su vida con un viejo, que no era ni su abuelo ni su padre, para ser, a los ojos de la sociedad, una mujer deshonrada. Al no ser Gald\u00f3s un escritor expl\u00edcito en el asunto que m\u00e1s peso tiene en la novela, el sexual, no comprend\u00ed la verdadera dimensi\u00f3n de las relaciones entre los personajes.<\/p>\n<p>Tristana volvi\u00f3 a m\u00ed hace unos quince a\u00f1os, en uno de esos veranos en los que uno decide entregar las horas de pl\u00e1cida pereza calurosa a un solo escritor, y anduve por los terrenos de Don Benito casi en exclusividad. Esta segunda vez fui, por supuesto, absolutamente consciente de lo que estaba leyendo, y me sent\u00ed, no exagero, conmocionada. La historia de Tristana, la joven que queda, a petici\u00f3n del padre de la ni\u00f1a en su lecho de muerte, bajo la protecci\u00f3n del \u201cgeneroso\u201d don Lope, me sacudi\u00f3 de esa manera en que s\u00f3lo contados personajes irrumpen en nuestro coraz\u00f3n, traston\u00e1ndonos el \u00e1nimo como si, en vez de tratarse de invenciones novelescas, fueran seres de carne y hueso, que dejaran la puerta abierta a ese futuro que va m\u00e1s all\u00e1 de la \u00faltima p\u00e1gina del libro, provoc\u00e1ndonos una ansiosa necesidad de indagar en  cualquiera que sea su destino real. Llevo a\u00f1os indagando sobre Tristana y, con el tiempo, he satisfecho m\u00e1s curiosidades de las que realmente esperaba saciar.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>No entrar\u00e9 a calibrar qu\u00e9 porcentaje de realidad hay en el personaje; ese es un terreno cansino, un debate que, por cierto, detestaba Leopoldo Alas Clar\u00edn, probablemente, por haber sufrido en sus carnes la burda interpretaci\u00f3n literal con que los contempor\u00e1neos de una obra suelen juzgarla. Tristana es Tristana, no hay otra como ella, su figura se nos presenta n\u00edtida y soberana, est\u00e1 con pleno derecho en este mundo, no necesita mujeres reales que la inspiren para existir y emocionar cada vez que la sentimos en sus p\u00e1ginas. Pero es natural que, siendo Gald\u00f3s un hombre tan arrebatadoramente vividor de su tiempo, no podamos evitar una reflexi\u00f3n sobre la manera en que el escritor se nutri\u00f3 de su propia experiencia amorosa para dibujar uno de sus personajes femeninos m\u00e1s complejos: una mujer que parece haber andado (de verdad) por las calles de Madrid, haber amado (de verdad) en buhardillas de artistas y haber sufrido (en sus carnes) los azotes del amor y de la propia \u00e9poca que le toc\u00f3 vivir.<\/p>\n<p>Cuando nuestro hombre escrib\u00eda Tristana, en 1891, acababa de terminar una relaci\u00f3n de camarader\u00eda amorosa con la escritora Emilia Pardo Baz\u00e1n y hab\u00eda iniciado otra con una joven, aspirante a actriz, llamada Concepci\u00f3n Morell, Concha. Es frustrante comprobar c\u00f3mo, siendo Gald\u00f3s uno de nuestros escritores m\u00e1s prol\u00edficos y notables y habiendo vivido en un pasado no demasiado lejano, su biograf\u00eda nunca ha sido f\u00e1cil de reconstruir. Algo influye, por un lado, la proverbial pereza espa\u00f1ola para seguir y conservar el rastro vital de sus grandes hombres, a lo que hay que a\u00f1adir que Gald\u00f3s, tan entregado a construir una inmensa galer\u00eda de personajes, fue muy reticente a contar algo de su propia vida. Como dijo Clar\u00edn, que se negaba a aceptar que no existiera m\u00e1s historia de su amigo que la que se deduce de sus creaciones de ficci\u00f3n: \u201cS\u00ed la tendr\u00e1, pero la tiene bajo llave\u201d. Con la paciencia del paleont\u00f3logo y la entrega de un amante apasionado de la literatura galdosiana Pedro Ortiz-Armengol arm\u00f3 la biograf\u00eda a la que podemos acudir si queremos seguir los pasos del inquieto Don Benito. Su peripecia vital ha sido rastreada a trav\u00e9s de los testimonios de sus amigos (no tantos como pudiera esperarse a pesar de haber sido un hombre rico en relaciones sociales) y de las cartas que le mandaron algunas de sus amantes, que \u00e9l tuvo cuidado en guardar escrupulosamente y que constituyen ahora uno de los principales tesoros de los centros dedicados a su memoria. Las cartas de Do\u00f1a Emilia son bien conocidas; las de Concha se encuentran en la Casa-Museo de las Palmas y han sido ampliamente analizadas por el profesor Gilbert Smith, aunque tengo la sensaci\u00f3n de que no gozan de la misma popularidad que las de la Pardo Baz\u00e1n, por tener \u00e9sta \u00faltima un inter\u00e9s propio, no subordinado a la figura del gran hombre. Sin embargo, las palabras escritras de Concha son tremendamente interesantes porque guardan una estrecha relaci\u00f3n con la creaci\u00f3n del personaje de Tristana.<\/p>\n<p>Aunque s\u00f3lo fuera por el abultado n\u00famero de amantes del que tenemos noticia, Don Benito ten\u00eda muchas razones para actuar y escribir con discreci\u00f3n e hizo lo imposible por despistar a esos lectores cercanos que intu\u00edan sus andanzas, desdobl\u00e1ndose, para ello, en los dos personajes masculinos de la novela, Don Lope y Horacio. Don Lope, un solter\u00f3n cercano a los sesenta a\u00f1os, que contin\u00faa siendo seductor y atractivo, presume, sin sonrojo, de haberse colado en la cama de mujeres de todas las clases sociales y condiciones, casadas, viudas, monjas incluso. Don Lope, que en sus relaciones amistosas es un hombre de buen coraz\u00f3n y generoso, pierde sus escr\u00fapulos con las mujeres y no le importa robarles la dignidad o recurrir al enga\u00f1o con tal de sacar lo que \u00e9l anda buscando, la conquista sexual. Eso es exactamente lo que ocurre con Tristana. La inocente se ve en los brazos del cincuent\u00f3n sin tener recursos ni econ\u00f3micos ni personales para evitar una seducci\u00f3n tramposa. La deshonrada Tristana, a la que los vecinos no saben si definir como hija, amante, o esposa, se ve unida a su protector por el lazo m\u00e1s fuerte posible, el de la indefensi\u00f3n. Una tarde, paseando del brazo de la cr\u00edada Saturna, Tristana conoce a Horario, un joven pintor con un historial de desamparo tras de s\u00ed que los convierte casi de inmediato en almas gemelas. Despu\u00e9s de los pase\u00edtos por los arrabales madrile\u00f1os acabar\u00e1n teniendo una arrebatada historia de amor en lo que ella llama \u201cel palomar\u201d, la buhardilla que sirve al artista como estudio.<\/p>\n<p>En la historia real, la diferencia de edad entre Don Benito y Concha era m\u00e1s corta; el escritor ten\u00eda 48 a\u00f1os y la aspirante a actriz 29. Cuando Gald\u00f3s conoce a la aspirante a actriz \u00e9sta vive protegida por un hombre mayor al que llama \u201cpap\u00e1\u201d, pero se las apa\u00f1a para verse a escondidas con el escritor en \u201cel palomar\u201d, una buhardilla que Gald\u00f3s alquila para encontrarse con ella. Don Benito se quiere ver a s\u00ed mismo, sin duda, como el joven Horacio; de hecho, Concha le define en sus cartas como \u201cpintor de cuerpos y almas\u201d, pero no cabe la menor duda de que su estilo de vida tiene m\u00e1s cercan\u00eda con la actitud donjuanesca del viejo Don Lope que con el inocente artista. En boca de don Lope pone Gald\u00f3s toda una te\u00f3rica sobre las razones que le han llevado a predicar una empecinada solter\u00eda, las mismas que defendi\u00f3 el escritor durante toda su vida, aunque el narrador de la novela se permite, qu\u00e9 iron\u00eda, afearle la conducta a Don Lope por esa falta de pasi\u00f3n verdadera hacia las mujeres que seduce. Gran pasi\u00f3n sexual,, pero pocas ganas o ninguna de comprometerse y formar una familia. Eso s\u00ed, no se le puede achacar al escritor el esp\u00edritu fanfarr\u00f3n del tenorio Don Lope que le hac\u00eda presumir abiertamente de sus conquistas; muy al contrario, el pobre Gald\u00f3s vivi\u00f3 angustiado ante la idea de que se hiciera p\u00fablica su complicada vida sentimental y esa tendencia al secretismo le llev\u00f3 a comportarse, seg\u00fan testimonios, de manera marrullera, pagando aqu\u00ed o all\u00e1 a aquellos que pod\u00edan irse de la lengua o que le amenazaban con desvelar sus secretos.<\/p>\n<p>No estoy esforz\u00e1ndome en buscar paralelismos ni recurriendo a  psicologismos f\u00e1ciles: es el mismo Gald\u00f3s el que le asegura a Concha que la protagonista de la novela que est\u00e1 escribiendo est\u00e1 inspirada en ella. Todo eso lo sabemos de mano de su amante, gracias a las m\u00e1s de novecientas p\u00e1ginas que dej\u00f3 la actriz en cartas; por otra parte, no hace falta ser muy perspicaz para apreciar el parecido entre las letras que el personaje de Tristana le manda a su pintor cuando \u00e9ste se marcha a Villajoyosa y las que Concha dedica al retratista de almas. En algunos casos, est\u00e1n casi copiadas, como si Gald\u00f3s, a pesar de su tozuda discreci\u00f3n, no hubiera podido evitar la tentaci\u00f3n de calcar la prosa real de su amante, que tiene, desde luego, mucho jugo, y define a una mujer apasionada, orgullosa de ser la amante del autor de \u201cEl doctor Centeno\u201d, despreocupada por casarse, con veleidades art\u00edsticas y algunas frases tremendamente expresivas sobre el destino com\u00fan de las mujeres, un destino en el que s\u00f3lo se barajan tres posibilidades: \u201co casorio, o teatro, o lo otro\u201d. El escritor hace que pasen las palabras de su amante a la boca de su Tristana.<\/p>\n<p>No es extra\u00f1o que Gald\u00f3s aprovechara este material que le ven\u00eda de primera mano. Para qu\u00e9 inventar, cuando la realidad te ofrece un fruto tan fresco. Los personajes del novelista desbordan autenticidad, el lector no puede imaginarlos sino vivos y eso, sospecho, debe ser la consecuencia de que todos ellos estuvieran dibujados en gran medida con trazos del natural. Las mujeres de Gald\u00f3s llegan a la condici\u00f3n de hero\u00ednas no porque protagonicen actos extraordinarios sino por enfrentarse a la misma vida que les ha tocado en suerte. Gald\u00f3s las comprende y las admira, mucho m\u00e1s de lo que parece comprender o admirar a los personajes masculinos, lo cual no deja de ser chocante, si tenemos en cuenta que en algunos momentos se dir\u00eda que est\u00e1 se\u00f1alando en algunos hombres de sus novelas los pecados de su propia actuaci\u00f3n personal: la b\u00fasqueda compulsiva de novedades er\u00f3ticas. Algo en lo que Gald\u00f3s fue tan prol\u00edfico como en la propia escritura.<\/p>\n<p>La tercera vez que he le\u00eddo Tristana ha sido con motivo de la escritura de este pr\u00f3logo. Avanzaba por sus p\u00e1ginas sabiendo ya lo que me esperaba, antip\u00e1ndome a los acontecimientos, y sin embargo no he dejado de sentir la felicidad del hallazgo inesperado. Es tan poderosa la maestr\u00eda de Gald\u00f3s, tan fino el encaje, que logra disfrazar con un lenguaje siempre decoroso aquello que es, por encima de otras tantas cosas, una brutal novela er\u00f3tica. El erotismo de las tres Tristanas que recorren la historia me salt\u00f3 de pronto a la vista: la vulnerable condici\u00f3n de la joven hu\u00e9rfana que se ve amparada y seducida por la palabrer\u00eda del viejo conquistador; la que luego lo desde\u00f1a y lo desprecia f\u00edsicamente cuando encuentra al hombre joven con el que hacer el amor, y aquella Tristana m\u00edstica, que se ve obligada, en un triste tercer acto, a regresar al anciano al ser amputada su belleza por la adversidad. Gald\u00f3s expresa de manera tan sutil este desvergonzado argumento que el lector no encuentra la procacidad si no es leyendo con hondura la novela, pensando m\u00e1s all\u00e1 de lo que el escritor s\u00f3lo sugiere. El erotismo bulle en el fondo de la historia sin salir nunca a la superficie; esta contenci\u00f3n es voluntaria y es una constante en el universo galdosiano. \u00c9l la defiende y con qu\u00e9 firmeza en una carta que escribe a Clar\u00edn tras la lectura de La Regenta: \u201ctoda vida humana, como la tierra sobre sus polos, gira sobre el pivote del acto de la reproducci\u00f3n de la especie; pero as\u00ed como la cultura disimula este hecho, la literatura debe ofrecer una veladura semejante. Y crea usted que es de mucho m\u00e1s efecto en el arte disimular el papel que la fornicaci\u00f3n hace en el mundo que patentizarlo con tanta sinceridad. Hay en la obra de usted demasiada lascivia\u201d.<\/p>\n<p>La verdadera novela, la que ha llegado a mis manos en esta tercera ocasi\u00f3n, fue la que leyeron los ojos de Luis Bu\u00f1uel, a tenor de los que nos ofreci\u00f3 en su pel\u00edcula. Entendi\u00f3 como nadie el deseo er\u00f3tico desconsiderado, amenazante, acaparador, senil, ego\u00edsta, celoso, con el que Don Lope quiere poseer a la joven; la naturaleza contradictoria de ella, la inocente que se rinde ante los encantos de su viejo protector queri\u00e9ndole primero, detest\u00e1ndole despu\u00e9s y acept\u00e1ndolo finalmente, y el amor sincero y honesto de Horacio, que se esfuma cuando la enfermedad arrebata a su amante parte de sus encantos.<\/p>\n<p>Desde la primera aparici\u00f3n de Tristana siento que me invade el presentimiento de ese castigo que la vida impone a los inocentes. No estoy en absoluto de acuerdo con Do\u00f1a Emilia, quien consider\u00f3 que el triste final de Tristana era un enmendarle la plana a un esp\u00edritu libre. Estoy convencida de que el Dios-Gald\u00f3s no quiso someter a su criatura una prueba tan cruel con fin de devolverla al camino de la virtud. Al contrario, a pesar de las complejas ataduras con las que Don Lope acogota a su ni\u00f1a Tristana, el autor deja que escuchemos la voz de su hero\u00edna con toda claridad. Ah\u00ed est\u00e1n las ideas de amor libre (podemos llamarlo as\u00ed) de la joven, su defensa nada convencional de las relaciones sentimentales, las ambiciones art\u00edsticas que la asaltan o el deseo de aprender: \u201c\u2026 mi pobre mam\u00e1 no pens\u00f3 m\u00e1s que en darme la educaci\u00f3n insustancial de las ni\u00f1as que aprenden para llevar un buen yerno a casa, a saber: un poco de piano, el indispensable barniz de franc\u00e9s y qu\u00e9 s\u00e9 yo\u2026, tonter\u00edas. \u00a1Si aun me hubiesen ense\u00f1ado idiomas, para que, al quedarme sola y pobre, pudiera ser profesora de lenguas\u2026!\u201d. \u00bfHay mayor declaraci\u00f3n de principios que \u00e9sta? Tristana ve truncados sus sue\u00f1os, pero casi me atrevo a asegurar que no es un deseo moralista lo que mueve Gald\u00f3s a condenarla a la desgracia. Lo que destruye a la so\u00f1adora joven es el mazazo de la enfermedad, por un lado, y la postergaci\u00f3n que padec\u00edan la mayor\u00eda de las mujeres de su \u00e9poca cuando por las causas que fueren no llegaban a formar una familia. La mezcla de las dos cosas.<\/p>\n<p>Sabi\u00e9ndose modelo para Tristana, \u00bfqu\u00e9 pensar\u00eda Concha Morell del final del personaje? Porque incluso los precisos rasgos f\u00edsicos con los que Gald\u00f3s define a la protegida de Don Lope parece que eran los de la joven actriz: boniquilla, rubia, esbelta, tan blanca de piel que casi resplandec\u00eda. Cuando la novela se publica, en 1892, la relaci\u00f3n entre el escritor y la actriz ha entrado en crisis. Las cartas de la joven nos hacen intuir un aborto o la amenaza de un embarazo indeseado y son constantes sus quejas sobre una carrera que no acaba de cuajar a pesar de los intentos del escritor porque alce el vuelo. Don Benito se angustia con esa mujer de vitalidad nerviosa que no cuadra en absoluto con el temperamento evasivo y gatuno del novelista.<\/p>\n<p>La Pardo Baz\u00e1n se quejaba del redundante destino tr\u00e1gico de todas las hero\u00ednas del XIX. M\u00e1s all\u00e1 de consideraciones ideol\u00f3gicas, no hay que dejar a un lado que Do\u00f1a Emilia deb\u00eda sentir escasa simpat\u00eda hacia un personaje que estaba inspirado tan claramente en la bella mujer por la que el escritor la hab\u00eda sustitu\u00eddo. De hecho, la escritora no desaprovech\u00f3 la oportunidad de criticar el trabajo de la actriz cuando tuvo ocasi\u00f3n. En un art\u00edculo en el que rese\u00f1aba Realidad, una novela dialogada en la que, rizando el rizo, Don Benito tom\u00f3 como modelo para la protagonista a Pardo Baz\u00e1n y maniobr\u00f3 para que le dieran un papelito a su amante, la escritora se despacha a gusto con la pobre Concha, que parec\u00eda tener m\u00e1s talento para escribir cartas que para interpretar.<\/p>\n<p>Dicen que, como respuesta a esa cr\u00edtica que tachaba el final de Tristana como moralista, Gald\u00f3s escribi\u00f3 La loca de la casa. Para esta historia el autor eligi\u00f3 ese g\u00e9nero h\u00edbrido de novela dialogada al que le termin\u00f3 cogiendo el gusto, porque le ayud\u00f3 a meter un pie en un mundo, el teatral, que hasta entonces se le hab\u00eda resistido. Aunque ambas obras, Tristana y La loca de la casa, comparten un inter\u00e9s com\u00fan, el de la subordinaci\u00f3n a la que la sociedad de finales del XIX somet\u00eda a las mujeres, no encuentro en ellas una misma naturaleza literaria. La loca de la casa respira un aire mucho m\u00e1s ligero, tiene momentos decididamente c\u00f3micos, pero, a pesar de la cr\u00edtica social que se desprende en \u00e9ste como en todos los textos galdosianos y de la piedad con que Gald\u00f3s dibuja siempre a sus personajes (a los buenos y a los mezquinos), no hay en esta obra la hondura ni la melancol\u00eda que destila su hero\u00edna novelesca. En La loca de la casa, una mujer, Victoria, que est\u00e1 a punto de vestir los h\u00e1bitos, \u201csacrifica\u201d su fe para hacer un casamiento que saque de la pobreza a su familia. Con inteligencia, con astucia, Victoria consigue llevar al zopenco de su marido -un indiano que fue antiguo criado de las tierras en que su padre, casi arruinado, malvive- a su terreno, le fuerza a ser generoso y acaba manejando, aunque sea solapadamente, las riendas de su fortuna.<\/p>\n<p>No s\u00e9 si La loca de la casa satisfar\u00eda los principios feministas de Do\u00f1a Emilia, pero, le\u00edda con perspectiva, el desenlace es tan feliz como poco realista. La victoria de Victoria es alegre, humor\u00edstica, casi sainetera y los di\u00e1logos, llenos de ingenio, llevan al lector a la risa en bastantes ocasiones. Es el sentido del humor galdosiano, una constante en la obra de Gald\u00f3s, apegado a su obra y a su personalidad (as\u00ed lo se\u00f1alaban sus amigos) y que, sin embargo, ha quedado enterrado bajo el manto de escritor decimon\u00f3nico y rancio que le tejieron sus detractores. Leer a Gald\u00f3s, visitarle cada cierto tiempo, es encontrarse una y otra vez con este tremendo malentendido que, tristemente, ha calado, logrando que las m\u00e1s de las veces se le juzgue sin leerle y, otras tantas, no se le tenga la consideraci\u00f3n que merecer\u00eda. Una injusticia que a los amantes de su literatura, que tambi\u00e9n somos mucho, nos duele, como si se estuviera profanando la memoria de un padre.<\/p>\n<p>Volviendo a Tristana, a Tristona, como firma la pobre enferma (y como firm\u00f3 Concha en alguna ocasi\u00f3n), es tan densa en su brevedad, que aun pudi\u00e9ndose leer en una sola tarde, el lector siente haber penetrado en una vida entera. Tiene una cualidad de novela moderna. Es sint\u00e9tica y honda. Los amantes de esta hero\u00edna deber\u00edamos acercarnos a ella cada diez a\u00f1os, dejando que el cambio que el tiempo ha provocado en nosotros nos conceda la oportunidad de disfrutarla cada vez con una nueva mirada.<\/p>\n<p>La deshonra, esa fue la palabra que se me fij\u00f3 latente en alg\u00fan lugar del recuerdo y que no penetr\u00f3 en mi lectura adolescente con la nitidez con la que mis ojos treinta\u00f1eros la captaron. La deshonra, dice Tristana en varias ocasiones, con dignidad y con pena hacia s\u00ed misma, con la resignaci\u00f3n de los fuertes. La deshonra es su palabra. Ahora, esa palabra me sacude con toda su fuerza, en ella est\u00e1 contenida toda la pesadumbre que una mujer deb\u00eda soportar cuando era la deshonra lo que la defin\u00eda a los ojos del pr\u00f3jimo. Tristana lleva escrita su derrota desde el principio, el lector la presiente, la teme; esa desgracia est\u00e1 en su propia alegr\u00eda, en la exaltaci\u00f3n del amor que de pronto encuentra y al que se entrega sin tapujos y sin bober\u00edas, como una joven moderna y apasionada, que quiere disfrutar del sexo, del arte, de todas las cosas que le escatimaron y no le permitieron aprender por ser mujer. Gald\u00f3s conoci\u00f3 a criaturas como ella de primera mano. Concha Morell escribe al novelista cuando su amor est\u00e1 ya en las \u00faltimas: \u201cme quedar\u00e9 en la estacada, como Tristana\u201d. Fue una estacada vengativa la de Concha, nada que ver con el final resignado de la hero\u00edna de ficci\u00f3n. La actriz, de complicada psicolog\u00eda, movida por el rencor y la desesperaci\u00f3n, acech\u00f3 durante gran parte de su vida al escritor, difam\u00e1ndole y consiguiendo que su abandono se hiciera p\u00fablico. De tal manera se fij\u00f3 en la memoria colectiva este penoso episodio de la vida del escritor que los supuestos pocos escr\u00fapulos de Gald\u00f3s hacia la pobre chica de Santander han quedado impresos hasta en las memorias de Don P\u00edo Baroja.<\/p>\n<p>Gald\u00f3s, a pesar de reprender, a trav\u00e9s del narrador, a Don Lope (en un intento tal vez de distanciarse del personaje del viejo abus\u00f3n), tambi\u00e9n lo comprende y le concede cierta bondad. Esa es otra de las constantes galdosianas: la presencia de un narrador compasivo, que entiende el material innoble del que est\u00e1n hechos los seres humanos, propensos a veces a la maldad y la bondad casi a partes iguales. Don Lope no puede evitar su naturaleza promiscua, es m\u00e1s fuerte que su voluntad. Es infiel y posesivo. Huye del matrimonio como de la peste. \u00bfA qu\u00e9 se debe esta actitud comprensiva del autor hacia ese viejo Tenorio que en ning\u00fan momento esconde su personalidad narcisista y que parece, en el fondo, alegrarse de la desgracia de amada con tal de tenerla bajo su dominio? Es innegable que Don Lope comparte con ese inquieto sentimental que fue Gald\u00f3s la falta de encaje en la \u00e9poca que le toc\u00f3 vivir. A pesar de las ventajas con las que contaban los varones por el simple hecho de serlo, tampoco un hombre pod\u00eda ser del todo libre en un mundo de mujeres atrapadas. Puede que Gald\u00f3s, sin perdonarle a Don Lope la inaceptable maniobra de la que se vale para robarle la honra a la inocente Tristana, entendiera su aversi\u00f3n al matrimonio y la vocaci\u00f3n por el amor libre.<\/p>\n<p>Gald\u00f3s es el viejo don Lope, lo es aunque por momentos lo deteste: atractivo como \u00e9l en la edad madura, reticente a la vejez, amante de cien mil mujeres, alto, enjuto, \u201ccon ojos oscuros que brillan por inteligencia y bien natural\u201d, como lo describe su amigo el escrito ruso Pavlovsky. Gald\u00f3s desea ser Horacio, el artista del palomar, el que se entrega sin reservas a Tristana y est\u00e1 lleno de nobles intenciones hacia ella. Pero tambi\u00e9n, por supuesto que s\u00ed, Gald\u00f3s es Tristana. C\u00f3mo si no entender la empat\u00eda que siente hacia el personaje, la fuerza y la dignidad que le concede en los momentos \u00e1lgidos del amor y en los bajos de la enfermedad; a Tristana le concede la inteligencia, la dulzura, la idea, extravagante para la \u00e9poca y m\u00e1s en labios de una mujer, de que el \u00fanico lazo que debe unir a dos amantes ha de ser el mismo amor y no las convenciones. Gald\u00f3s est\u00e1 en Tristana m\u00e1s que en ninguna otra criatura que haya creado: \u00e9l, al igual que ella, dese\u00f3 ser libre para amar a mujeres libres que pudieran expresarse de la misma manera arrebatada que su hero\u00edna sin que la vida las castigara arroj\u00e1ndolas a la desgracia. \u00bfQui\u00e9n si no est\u00e1 detr\u00e1s de estas palabras?<\/p>\n<p>\u201cNo sabr\u00e9 amar por obligaci\u00f3n; s\u00f3lo en la libertad comprendo mi fe constante y mi adhesi\u00f3n sin l\u00edmites. Protesto, me da la gana de protestar contra los hombres, que se han cogido todo el mundo por suyo, y no nos han dejado a nosotras m\u00e1s que las veredas estrechitas por donde ellos no saben andar\u2026\u201d<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, quisiera permitirme una \u00faltima especulaci\u00f3n (discutible) sobre la muchacha deshonrada. Tristana, tras de la cual est\u00e1 Gald\u00f3s, su creador, tiene un motivo m\u00e1s fuerte que la enfermedad o el abandono del amante para entregarse a la vida m\u00edstica o meditativa. Nuestra hero\u00edna, mucho antes de quedar tullida, antes incluso de que Horacio se vaya de viaje, intuye que ese amor no est\u00e1 hecho a su medida. Tal vez ninguno. De alguna manera, el cuco de don Lope, que la enjaul\u00f3 para disfrutarla \u00e9l solo, inculc\u00f3 en su protegida unas ideas que, para las mujeres de esa \u00e9poca, son extravagantes: el amor sin ataduras, la negaci\u00f3n al matrimonio. \u00c9l teorizaba sobre la libertad de amar pero est\u00e1 claro que lo hac\u00eda para justificar su descarado abuso y el sometimiento de ella. Y ella, a\u00fan sinti\u00e9ndose presa, asumi\u00f3 la te\u00f3rica no como amante pasiva sino como alumna aventajada. El resultado es una Tristana idealista que no halla consuelo en la realidad sino en su representaci\u00f3n rom\u00e1ntica. El arte, la m\u00fasica, Dios, la meditaci\u00f3n. No hay hombre a la altura de Tristana, pero no hay c\u00e1rcel tampoco que la encierre. Es un esp\u00edritu libre. Tan libre, que do\u00f1a Emilia no entendi\u00f3 que ese final tan discutido no describe sino a un p\u00e1jaro que, aun habiendo perdido un ala, vive fuera de la jaula.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Varias veces ha llegado a mi vida Tristana. La primera de ellas en mi adolescencia. A pesar de que yo me consideraba a m\u00ed misma extremadamente audaz para mis dieciseis a\u00f1os, no deb\u00eda de serlo en absoluto, porque la palabra \u201cdeshonra\u201d, que alienta toda la historia de esta hero\u00edna, no alcanz\u00f3 en mi juvenil entendimiento [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":1081,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[33],"tags":[],"class_list":["post-1080","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-textos-literarios-2"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1080","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1080"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1080\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1082,"href":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1080\/revisions\/1082"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1081"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1080"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1080"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1080"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}