{"id":1031,"date":"2010-11-22T21:08:41","date_gmt":"2010-11-22T20:08:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/?p=1031"},"modified":"2010-11-22T21:08:41","modified_gmt":"2010-11-22T20:08:41","slug":"harpo-hablo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/textos-literarios-2\/harpo-hablo\/","title":{"rendered":"Y Harpo Habl\u00f3"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/heoii.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-1033\" title=\"heoii\" src=\"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/heoii-314x460.jpg\" alt=\"\" width=\"314\" height=\"460\" srcset=\"https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/heoii-314x460.jpg 314w, https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/heoii-122x178.jpg 122w, https:\/\/www.elviralindo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/heoii.jpg 450w\" sizes=\"auto, (max-width: 314px) 100vw, 314px\" \/><\/a><\/p>\n<p><em>\u00abQueridos amigos, hoy me gustar\u00eda recomendar un libro que me le\u00ed en galeradas porque ten\u00eda que escribir el pr\u00f3logo: \u00abHarpo Habla\u00bb !Qu\u00e9 obligaci\u00f3n m\u00e1s placentera! Adoro al MUDO de los hermanos Marx desde ni\u00f1a. Aqu\u00ed os dejo lo que escrib\u00ed sobre \u00e9l. Besos con acordes de arpa de fondo&#8230;\u00bb<\/em><br \/>\n<strong>Elvira Lindo <\/strong><\/p>\n<p>Tras el 11 de Septiembre de 2001, en Manhattan, cuando mirar al cielo era un gesto que conten\u00eda nuestros m\u00e1s \u00edntimos temores, le\u00ed  las memorias de dos hombres cuya visi\u00f3n de la vida no pod\u00eda ser m\u00e1s dispar. Me acompa\u00f1aron en los d\u00edas siguientes al atentado de las Torres Gemelas, y fuera porque yo estaba con el coraz\u00f3n alerta temiendo que lo peor volviera a ocurrir, lo mejor tambi\u00e9n penetraba en mis sentidos con mayor intensidad, como si estuvieran abiertos tanto para el temor como para el aprendizaje. Los dos libros compa\u00f1eros de aquel tiempo ins\u00f3lito se convirtieron para m\u00ed en inolvidables; ahora definen mis recuerdos, su relectura me devuelve la sensaci\u00f3n de ansiedad de aquellos d\u00edas pero tambi\u00e9n como cal\u00f3 muy hondo todo lo que en ellos aprend\u00ed. En esencia, c\u00f3mo nuestra mirada puede percibir el mundo de manera que la experiencia sea salvadora o aniquiladora. Dos memorias, la de Henry Roth, con su \u201cA merced de una corriente salvaje\u201d, y la de Harpo Marx y su \u201c<a href=\" http:\/\/www.casadellibro.com\/homeAfiliado?ca=6652&amp;isbn=9788432228773\" target=\"_blank\">Harpo habla<\/a>\u201d.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Una novela tan s\u00f3lo, \u201cLl\u00e1malo sue\u00f1o\u201d, hab\u00eda concedido a Roth en los a\u00f1os treinta un puesto significativo en el panorama literario americano, pero tras este libro, y sin que se supiera muy bien porqu\u00e9, el escritor call\u00f3 y no sali\u00f3 de su mutismo hasta que la publicaci\u00f3n de sus tres vol\u00famenes de memorias ya cumplidos los ochenta a\u00f1os. Ese alejamiento de la literatura se entiende, en gran parte, leyendo esta desgarradora autobiograf\u00eda: Roth no sent\u00eda fobia hacia la escritura sino hacia su propia vida, hacia s\u00ed mismo, y es s\u00f3lo a las puertas de la vejez cuando se atreve a encarar ese desprecio. Los complejos, la pobreza, la crueldad del padre, la falta de arrojo de la madre, el sentimiento de postergaci\u00f3n de un ni\u00f1o inmigrante en el duro Lower East Side de principios del siglo XX y, por encima de todo, una sombra que aumenta la desgracia, una relaci\u00f3n incestuosa que avergonz\u00f3 al autor durante toda su vida. Cuando se cierra el libro, el lector tiene la tentaci\u00f3n inmediata de pensar: es la penuria lo que arroja a los seres humanos a la infelicidad y al desastre. Este fue mi pensamiento tras haber paseado, de la mano del recuerdo de Roth, por el ambiente s\u00f3rdido de un Nueva York asfixiado por la pobreza y los continuos aluviones migratorios. Los italianos pendencieros, los irlandeses bravucones, asustan al pobre ni\u00f1o jud\u00edo, consciente de ser objeto de burla por parte de otros grupos de inmigrantes m\u00e1s integrados en la nueva ciudad y avergonzado de una familia que delata su procedencia rural con su aspecto arcaico y su ineptitud para dominar el nuevo idioma.<\/p>\n<p>Dej\u00e9  el inmenso libro de Roth con la sensaci\u00f3n de haber sido contagiada por un dolor hondo, el que marca a los seres humanos desde la cuna y del que dif\u00edcilmente podr\u00e1n deshacerse el resto de sus d\u00edas. Entonces, sin dejar pasar un tiempo para respirar lo le\u00eddo me adentr\u00e9 en el universo de la familia Marx. Son muchas las similitudes biogr\u00e1ficas entre estas dos familias jud\u00edas, aunque la llegada de los Marx a Nueva York fuera algo anterior y desde Alemania. Los Marx se instalaron en el lado este de Manhattan, aunque mucho m\u00e1s al norte, en la calle 93, en una zona que se llamaba Yorkville y en la que se hacinaban y disputaban el espacio emigrantes de distinta naturaleza. Frenchie y Minnie, los padres de los c\u00e9lebres hermanos, hablaban un dialecto entre el alem\u00e1n y el ruso que compart\u00edan con su peque\u00f1a comunidad, pero no parece que las dificultades idiom\u00e1ticas les atemorizaran; tampoco la pobreza. Lejos de la miseria humillada de los Roth, la peculiar pareja Marx supo inocular en sus hijos un esp\u00edritu de alegr\u00eda y superaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las memorias no son s\u00f3lo una mera certificaci\u00f3n de los hechos m\u00e1s significativos. Si as\u00ed fuera, las de estos dos personajes, el joven Henry y el joven Adolph (Harpo), ser\u00edan bien parecidas; pero contar la vida es, al fin y al cabo, confesar la huella que la buena suerte o la desdicha dejaron en nosotros.<\/p>\n<p>Adolph Marx naci\u00f3 en el seno de una familia pobre, m\u00e1s a\u00fan que pobre, miserable,  sin embargo, sus memorias destilan humor desde la primera frase. No siempre los c\u00f3micos son personas alegres, pero Adolph, rebautizado a\u00f1os m\u00e1s tarde como Harpo, lo era. Creci\u00f3 en un ambiente excepcional y lo cuenta con un humorismo dulce, nada sarc\u00e1stico. Se describe a s\u00ed mismo como el m\u00e1s inocente de los hermanos, y de alguna manera, el personaje que interpretar\u00eda durante toda su vida en los escenarios y en el cine responde a eso: Harpo es el ni\u00f1o de los hermanos. Frente a la iron\u00eda desatada de Groucho o la marruller\u00eda de Chico, Harpo se comporta como el ni\u00f1o grande que roba sin malicia, persigue a las chicas y provoca desastres sin mala intenci\u00f3n. En el pr\u00f3logo que E.L. Doctorow escribi\u00f3 para un peque\u00f1o volumen que conten\u00eda s\u00f3lo la parte referida a la infancia, el escritor destacaba esa cualidad infantil de Harpo. Mientras los adultos se aliaban con el sarcasmo desatado de Groucho, los ni\u00f1os eleg\u00edan a Harpo como uno de los suyos.<\/p>\n<p>La narraci\u00f3n de la infancia y adolescencia en Nueva York del que todav\u00eda respond\u00eda al nombre de Adolph es de un humorismo que le hermana con los peque\u00f1os p\u00edcaros de la literatura, como Huckleberry Finn, o incluso con el Lazarillo. Harpo abandona la escuela, cuenta, porque sus compa\u00f1eros le tiran por la ventana; Harpo le quita las manecillas al reloj que le han regalado en el Bar Mitzvah para evitar que Chico se lo birle y lo lleve a la casa de empe\u00f1os; Harpo roba melocotones del jard\u00edn del ricach\u00f3n del barrio eludiendo a los perros guardianes; Harpo se ve atrapado, a la manera del joven de Amarcord, entre los pechos de una tendera que quiere calmar su imperioso deseo sexual con un chaval de doce a\u00f1os. Harpo, de ni\u00f1o Adolph, se recuerda a s\u00ed mismo como un inocent\u00f3n al que la vida le va sometiendo a pruebas de las que \u00e9l casi nunca consigue tomar las riendas. Pero no es un recuerdo amargo. En casa le esperan el padre Frenchie, un hombre tranquilo, bondadoso, que consigue que de la cocina emanen aromas deliciosos a pesar de la escasez de ingredientes. Frenchie, la presencia constante en casa de los Marx, el objetivo de las bromas de sus hijos por su escasa habilidad como sastre y por su torpeza jugando a las cartas, se convierte evocado por Harpo en un personaje adorable. Es especialmente emotiva la p\u00e1gina dedicada a su muerte: \u201cPero Frenchie nunca dej\u00f3 de sonre\u00edr, y su sonrisa era como una radiaci\u00f3n secreta. Todos los que estuvimos expuestos a ella quedamos afectados para toda la vida. Llev\u00e1bamos grabado el significado de la lealtad y la indulgencia, la convicci\u00f3n de la inutilidad de la c\u00f3lera\u201d.<\/p>\n<p>La presencia de la madre, Minnie, no fue menos fundamental en sus vidas; de hecho, esa mujer es hoy un personaje heroico en la historia de la comedia americana. Como dice Harpo, \u201cde mi madre se han contado muchas historias y todas eran ciertas\u201d. Minnie es un  personaje novelesco: c\u00f3mo esa mujer consigui\u00f3 que cinco chicos pobres que deseaban ser escritor, jugador, boxeador, inventor y pianista de barco (Harpo), abandonaran sus sue\u00f1os y se sometieran al deseo materno de formar una compa\u00f1\u00eda c\u00f3mica es extraordinario. Es posible que un padre autoritario no lo hubiera logrado, y no parece que Minnie se saliera con la suya de malas maneras, se trat\u00f3 m\u00e1s bien de la labor de filigrana de una madre fuerte, seductora, tan dispuesta a querer a sus hijos como a exigirles, inasequible a las dificultades, emprendedora, c\u00f3mica ella tambi\u00e9n, fantasiosa. Irresistible. Harpo pas\u00f3 de la infancia salvaje y vagabunda en el barrio a estar sometido a la disciplina materna cuando Minnie decide crear grupos musicales con sus chicos, primero \u201cLos Tres Ruise\u00f1ores\u201d, luego, \u201cLos Cinco\u201d, m\u00e1s tarde, \u201cLas seis mascotas\u201d, en el que ella tambi\u00e9n canta. Todos tienen un talento natural para la m\u00fasica. Para ser m\u00e1s exactos, tienen talento para la comedia, en la que son multidisciplinares, cantan, tocan, hacen pantomima, repentizan di\u00e1logos y a veces pierden la cabeza provocando desastres descacharrantes en el escenario, porque son j\u00f3venes y pobres, y hacen giras penosas en las que pasan fr\u00edo y necesidad, pero se mantienen unidos bajo la batuta optimista de Minnie y desean divertirse.<\/p>\n<p>Mam\u00e1  Marx lleg\u00f3 a convertirse en una figura m\u00edtica en el mundo del espect\u00e1culo. Cuando muri\u00f3, despu\u00e9s de haber podido disfrutar del \u00e9xito teatral y cinematogr\u00e1fico de ese grupo c\u00f3mico que ella concibi\u00f3  en toda la extensi\u00f3n del verbo, el m\u00e1s c\u00e9lebre cr\u00edtico de la revista New Yorker, Alexander Woolcott, le dedic\u00f3 una conmovedora necrol\u00f3gica en la que la defin\u00eda como una matriarca sabia, tolerante, generosa y valiente. A\u00f1ad\u00eda algo que defin\u00eda a\u00fan m\u00e1s el car\u00e1cter de esta mujer nacida para la acci\u00f3n: cuando los Marx comenzaron a ser reconocidos, Minnie comenz\u00f3 a aburrirse. No era la gloria lo que la m\u00e1s la divert\u00eda, sino su b\u00fasqueda.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n puede tenerle miedo a la vida habiendo sido criado por tan animosos padres? La dulzura y la valent\u00eda representadas en su m\u00e1xima potencia por el padre y la madre. No hay en el mundo pobreza que degrade semejante tesoro. Ellos les dejaron en herencia a Harpo y sus hermanos el don de enfrentar las dificultades con arrojo y les ense\u00f1aron que en esta vida se puede jugar hasta el final. Estas memorias, cargadas de melancol\u00eda por narrar la vida de personajes que se mueven en un tiempo cada vez m\u00e1s lejano al nuestro, mantienen la sonrisa del lector en todo momento. Lo que m\u00e1s maravilla a quien las lee es la capacidad que tuvo Harpo de tomarse la vida como un juego aun siendo adulto. Jam\u00e1s se resign\u00f3 a una existencia formal, de artista reputado. Cuando el \u00e9xito teatral le permiti\u00f3 gozar de una vida acomodada disfrut\u00f3 code\u00e1ndose con los estrafalarios escritores y cronistas de la mesa redonda del Hotel Algonquin;  cuando el cine  abri\u00f3 sus puertas a los hermanos Marx, Harpo continu\u00f3 rodeado de amigos en la costa oeste, llenando las casas propias y ajenas de bichos y perdiendo la cabeza por jugar al p\u00f3ker o al golf o al inaudito \u201cpincha\/pellizca\u201d.<\/p>\n<p>Se nos presenta como un individuo que sonr\u00ede y escucha, como el compa\u00f1ero al que todo el mundo quiere tener a su lado por su capacidad para animar una reuni\u00f3n sin ser pedante ni hablar demasiado. Se describe en bastante ocasiones como algo iletrado, ajeno a lo intelectual, desinformado. Imposible creerlo tras la lectura de unas memorias escritas con tanta soltura. Tanto en escena como fuera de ella est\u00e1 claro que Groucho era el intelectual, Chico el listo y Gummo y Zeppo dos grandes negociantes, pero Harpo se las apa\u00f1\u00f3 muy bien en la vida, al margen de sus actuaciones con los Marx. Su viaje a Mosc\u00fa en los a\u00f1os treinta, enviado por el cr\u00edtico Aleck Wollcott, como absurdo emisario de una reanudaci\u00f3n de relaciones entre la URSS y EEUU, es hilarante. Fuera cual fuera la aventura en la que se ve enredado nuestro hombre el lector tiene la sensaci\u00f3n de que Harpo, como el peque\u00f1o h\u00e9roe de un cuento, siempre saldr\u00e1 adelante.<\/p>\n<p>Como corresponde a cualquier libro de memorias americano hay una atenci\u00f3n especial a la familia, a la que form\u00f3 nuestro hombre, con cuatro hijos adoptados. El amor que se desprende de sus palabras hacia ellos y hacia su mujer, tan fantasiosa como \u00e9l, es una prueba m\u00e1s de la bondad de este ni\u00f1o eterno: la manera en qu\u00e9 les cuenta a sus ni\u00f1os c\u00f3mo, a pesar de no ser biol\u00f3gicos, estaban destinados a encontrarse, es enternecedora.<\/p>\n<p>Harpo, llamado en su vida art\u00edstica as\u00ed por tocar la vieja arpa de su abuela desde ni\u00f1o, invent\u00f3 su personaje poco a poco, con la ayuda de Minnie y de la interacci\u00f3n diaria con los otros Marx en sus giras como c\u00f3micos de la legua: peluca rizada, sombrero, y una gabardina sin fondo, de la que ca\u00edan veinte cuchillos cuando el amenazante polic\u00eda le preguntaba si era inocente. Al principio le cost\u00f3 reconocer que su voz le restaba gracia al personaje, pero esa peque\u00f1a frustraci\u00f3n se vio compensada por ser uno de los hermanos que m\u00e1s sonrisas arrancaba al p\u00fablico. La c\u00e9lebre bocina le serv\u00eda para dar la r\u00e9plica a las insensateces de Groucho y el arpa le daba ese toque de elegancia al show tan al gusto de su madre. \u201cCuando persigo a las chicas soy Harpo, dec\u00eda, cuando toco el arpa soy yo\u201d. De cualquier forma, no creo que el personaje y la persona se diferenciaran en mucho. Lo que hicieron los hermanos Marx, en realidad, fue una magistral parodia de s\u00ed mismos: Groucho representaba el humorista sarc\u00e1stico, agudo, intelectual, y lo era en la vida real; Chico adopt\u00f3 el acento italiano de un vecino y respond\u00eda al pillo, al embaucador, al liante: siempre lo fue; Gummo y Zeppo quedaron m\u00e1s desdibujados porque su vocaci\u00f3n de c\u00f3micos tambi\u00e9n fue menor y Harpo se qued\u00f3 en mudo en escena y habl\u00f3 poco en la vida, porque prefer\u00eda la acci\u00f3n, la alegr\u00eda de la pantomima.  De esta manera estos cinco muchachos de un barrio pobre de Manhattan llegaron a interpretar cinco comedias que se encuentran, seg\u00fan el American Film Institute, entre las cien mejores pel\u00edculas c\u00f3micas del cine.<br \/>\nSu historia vino a mis manos en aquellos d\u00edas posteriores al 11 de septiembre de 2001. De Henry Roth, aprend\u00ed c\u00f3mo puede una ni\u00f1ez s\u00f3rdida destrozar una vida; de Adolph Marx, Harpo, c\u00f3mo la alegr\u00eda se hereda y se contagia. Al cerrar este volumen que encierra una vida tan rica de aventuras lo que desea el lector es colarse en sus p\u00e1ginas, vivir en ellas, aceptar la existencia como un juego que uno no ha de tomarse demasiado en serio:<\/p>\n<p>\u201cNo s\u00e9 si mi vida ha sido un \u00e9xito o un fracaso, pero el no tener ninguna ansiedad de llegar a ser una cosa u otra me ha proporcionado un tiempo extra para la diversi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p><strong><a href=\" http:\/\/www.casadellibro.com\/homeAfiliado?ca=6652&amp;isbn=9788432228773\" target=\"_blank\">Harpo Habla<\/a><\/strong><br \/>\n<em>Editorial Seix Barral<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abQueridos amigos, hoy me gustar\u00eda recomendar un libro que me le\u00ed en galeradas porque ten\u00eda que escribir el pr\u00f3logo: \u00abHarpo Habla\u00bb !Qu\u00e9 obligaci\u00f3n m\u00e1s placentera! Adoro al MUDO de los hermanos Marx desde ni\u00f1a. Aqu\u00ed os dejo lo que escrib\u00ed sobre \u00e9l. 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