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Una Vida en Madrid

Viernes 22 de octubre de 2010  

Artículo de Fernando Delgado
El País

Sabía de sobra del alto componente autobiográfico de Lo que me queda por vivir (Seix Barral), de Elvira Lindo, cuando empecé a leer la novela. Así que, conocida la vinculación de la autora con nuestra ciudad, su intensa vida en ella, y los retratos de Madrid que aparecen en su obra anterior -paisaje y habla de aquí, Manolito Gafotas incluido- aposté porque fuera un relato con Madrid dentro. Y con la pronta evocación del mundillo literario o seudoliterario del mítico café Lyon me llegó la apresurada confirmación de que podría haber mucho Madrid en aquellas páginas o que muchas páginas de aquellas se deberían a Madrid. Y claro que hay Madrid en esta historia. Una historia en la que, apasionado el lector por la verdad que se desprende de lo escrito con las tripas, con capacidad de penetrar en la vida y conmover con sus peripecias, se le impone la pura literatura sobre la curiosidad de husmear en la experiencia personal de la escritora. Y esto no impide, sin embargo, que la novela se lea a veces casi como unas memorias, a sabiendas de las licencias que otorga la ficción a la novela y no a las memorias; como se leen las memorias más descarnadas y desnudas, las buenas memorias al borde de una confesión o como una confesión, sin el compromiso de que en efecto lo sean.

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