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DIOS DE LA MUERTE PACÍFICA

Domingo 14 de enero de 2018  

Por Nochebuena, por mi cumpleaños o por mi santo, ya que nuestro nombre es el mismo, en las fechas señaladas, me llama siempre mi tía. La única, por ser la última de todos ellos. Su voz suena cantarina, con el timbre característico de los habitantes de ese enclave valenciano arrimado a Teruel en el que pareciera que todo el mundo tiene una capacidad pulmonar sobresaliente. Como para soltarse de pronto y cantar una jota. La dicción es la marca de la tierra. Todas las sílabas brillan con igual intensidad, no hay una que se pierda. Escucho su voz y viene a mí toda la infancia, el color rojo de la tierra ademucera, el marrón chocolate de las aguas del Turia, los olores frutales, la libertad única que vivían los niños de los pueblos pequeños. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->>

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© Elvira Lindo 2014