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Tía Vocacional

Sábado 7 de noviembre de 2015  

  Todos los artículos deberían tener una segunda parte. La primera siempre queda incompleta. Me doy cuenta cuando recibo los comentarios de los lectores. En mi descargo diré que en 800 palabras no me caben todos ustedes con sus insustituibles experiencias particulares. Tampoco se pueden introducir todos los matices que una desearía. Escribí, por ejemplo, hace cosa de un mes una columna titulada La maternidad, años después, donde recordaba que ser madre o ser padre no es patrimonio exclusivo de los que tienen bebés o niños chicos, aunque sólo sea eso lo que aparece en la prensa o aunque haya madres en este caprichoso presente que, con su fervor sin descanso, crean que han descubierto la verdadera maternidad y que lo anterior fue una chapuza protagonizada por mujeres desnaturalizadas que dejaban a sus bebés en manos de terceros. A los pocos días, Rosa Montero publicó en El País Semanal una columna, Tan completa o tan incompleta, que yo hubiera firmado si se hubiera tratado de un manifiesto, aunque ella no haya tenido hijos y yo sí. Tan completa pueda sentirse una mujer que ha tenido descendencia como la que no, aunque las mujeres nos veamos en la absurda obligación de explicar o justificar el hecho de no haber sido madres. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->> 

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