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Que No

Lunes 7 de julio de 2014  

A estas alturas, el debate sobre la ley del aborto planteada por el ministro Gallardón se ha convertido en algo siniestro. Enhorabuena, señor ministro. Está usted con su lápiz corrector de leyes, investido no ya en ministro del Gobierno de un país sino en el difícil papel de un ministro enviado por Dios, distinguiendo entre las enfermedades del feto que a la madre le permitirán abortar y aquellas otras que protegerán, como al ministro le gusta recalcar, la vida del concebido; y es que aunque parezca de guasa, este ministro de justicia divina quiere pasar a la historia de la democracia por haber legislado a favor de los niños, y también por amparar a las embarazadas. Gracias. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->> 

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© Elvira Lindo 2014