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Palin, La Fuerza Bruta

Domingo 18 de marzo de 2012  

Por Navidad hacíamos imitaciones en el colegio. O cuando llegaba la víspera de Semana Santa y los profesores ya no sabían cómo controlar las primeras desazones hormonales. Entonces, nos dejaban imitar. En realidad, imitábamos a los imitadores de la tele, que vistos con el tiempo eran penosos aunque nadie lo sabía. Con los años, yo, que era una de las niñas imitadoras de los imitadores, he llegado a odiar ese género. Pero vaya, respeto el entusiasmo que despierta. Lo que me espanta es que la imitación está invadiendo el cine. En los últimos años es como una plaga: Meryl Streep haciendo de Thatcher, Di Caprio de Hoover, Michelle Williams de Marilyn Monroe, Kenneth Branagh de Lawrence Olivier, Katie Holmes de Jackeline Kennedy, Lluis Homar de Rey, Helen Mirren de Reina, Adriana Ozores de duquesa de Alba, Joaquin Phoenix de Johny Cash, Adrien Brody de Dalí, Juan Diego de Tejero, y un largo etcétera que ustedes pueden completar para su solaz dominguero. A mí el género, digo, me cansa. Tiene trampa: en realidad, lo que acaba por juzgar el público no es exactamente la interpretación sino el parecido físico, las horas de maquillaje, la voz o el virtuosismo de los gestos. Lo virtuoso agota pero goza de un enorme prestigio. Ya se vio en los Oscars: Meryl Streep fue premiada por imitar al milímetro a la señora Thatcher. Sólo por esa razón, dado que la película trata, sobre todo, de lo bien que imita Streep a la dama de hierro. Personalmente, prefiero mil veces a la gran cómica Tina Fey haciendo de Sarah Palin en “Saturday Night Life”. ¿Por qué? Porque no es exactamente imitación sino recreación, porque el guión es incisivo, tronchante, porque realmente importa poco que la voz de una actriz sea igual a la de su imitada, de lo que se trata es de crear un gran personaje.

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© Elvira Lindo 2014