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Lo Lorquiano

Domingo 15 de julio de 2012  

Escribo de memoria: estaba Lorca en unos ensayos teatrales en Madrid cuando se presentó en el patio de butacas una señora con su hija. Decía la mujer que aquella niña recitaba al poeta con tal sentimiento que parecía poseída por el alma de Federico y que, fuera como fuera, Lorca la tenía que escuchar. Tan pesada se debió de poner esa madre que los presentes no tuvieron otra que dejar que la criatura saliera al escenario y recitara unos versos del granadino. Y contaron luego, aquellos que presenciaron la escena, que en la cara del poeta se fue transparentando el horror que sentía cada vez que alguien, niña recitadora o joven aflamencado, se apropiaba de sus versos para convertirlos en algo paródico que poco tenía que ver con la intención con la que él se entregaba a la poesía. Lorquianos hubo desde el principio de los tiempos. Con Lorca vivo y recitando. Y me atrevo a asegurar que el primer antilorquiano fue el propio poeta, porque mientras él sabía cómo contener su lenguaje poético para que no desbarrara, sus imitadores se engolfaban en él convirtiéndose en un eco populachero de su estilo. Lorca no se puede imitar. De la misma forma que no se podía imitar a Buñuel. Dalí, en cambio, acabó convirtiéndose en una parodia de sí mismo. Sobre esto teorizó con mucho tino Woody Allen, que hablaba de los artistas inimitables. Imposible, decía, tratar de parecerse a Thelonious Monk, por ejemplo, o a Buñuel. Son artistas únicos que provocan admiración, pero que no crean escuela. Con ellos se acaba el molde.

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1 respuesta a:Lo Lorquiano

Jon Anzola Dice: Lunes 16 de julio de 2012

Totalmente de acuerdo, tanto en lo de Ainadamar (una obra bientencionada pero de tercera división) como en el comentario sobre Segismundo-mujer. Se agradecen mucho textos tan valientes como éste de Elvira Lindo. Mi aplauso para ella.

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