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Ideología y corazón 

Sábado 12 de diciembre de 2015  

  En cuanto se tiene más de un hijo o se ha sido miembro de una familia numerosa las ideas sobre la sangre, el ADN o los supuestos méritos heredados se esfuman. Al final, los padres, incapaces de explicar por qué un hijo le ha salido de una manera y una hija de otra, acaban concluyendo, “cada uno es de su padre y de su madre”. Una frase simple que viene a resumir los caprichos infinitos de la herencia genética. A lo que se refiere, con toda seguridad, Pablo Iglesias cuando dice que lo suyo del compromiso político viene de fábrica, o que lo lleva escrito en el ADN, es sin duda al ambiente en el que se crió. Y aún así tampoco está claro que el ambiente determine de manera absoluta el comportamiento, porque muchos de los antifranquistas que el franquismo alimentó vinieron, precisamente, de familias fieles al régimen del dictador. En esa rebeldía había, por supuesto, un componente ideológico, pero también el deseo de no ser lo que tus padres o tus abuelos habían esperado de ti. Ni qué decir de las mujeres: aunque culturalmente pudieran estar destinadas a quedarse en casa y contentarse con la crianza de los hijos fueron ya muchas las que decidieron seguir una vocación y aspirar a la independencia económica. Y lo que ocurrió, al menos en mi generación, es que las madres acabaron aplaudiendo esa ruptura con las tradiciones y sintieron una especie de sueño vicario de libertad a través de los logros de sus hijas. También muchos padres cambiaron influidos por los hijos, produciéndose una reeducación a la inversa. Y es que el ADN tiene razones que la ideología no entiende. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->> 

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© Elvira Lindo 2014