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Que Eduquen Ellos

Viernes 12 de junio de 2015  

Educar a un niño es algo muy raro. En mi caso, por poner el ejemplo más a mano que se me ocurre, he tenido que pasar muchos años fingiendo que era mucho más excelente de lo que era. Pero ahora, con los hijos fuera de casa aunque sobradamente subvencionados, puedo confesar, sin miedo a ser un mal ejemplo, que fumé porros, robé en El Corte Inglés en mi tierna edad, que me pillaron y me llevaron al cuarto de los niños ladrones, que pasé el bachillerato a la sombra de los almendros en flor, por decirlo a la manera proustiana, en el Retiro (mi instituto estaba dentro de tan tentador parque) y que copié con fruición en los exámenes, incluido el de selectividad. A veces copiaba por necesidad, otras por vicio. Cometí más fechorías, pero jamás he hecho alarde de ellas. En este presente en el que me encuentro, con que retiren ustedes de este artículo a los niños de la infancia, me doy por satisfecha. Ya no tengo que ser pedagógica. Fueron los míos pecados improvisados: copiar en selectividad puede resultar cutre, lo asumo, pero quién no hubiera caído en la tentación si en el momento en que se tiene delante la traducción de latín comienza a circular por ahí el trabajo ya hecho. Qué caramba, es como pasar por delante de la nariz del hambriento un bocadillo de choped. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->> 

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© Elvira Lindo 2014