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Los Españoles y el Arraigo

domingo 3 de noviembre de 2013  

Somos prisioneros de una paradoja. Es desconcertante que este país en el que sus habitantes rechazan y ponen en tela de juicio tan a menudo su sentido de pertenencia a él, que hasta abominan de su mismo nombre, España, provoque a su vez un sentimiento de arraigo casi enfermizo. Si a un estadounidense se le mostrara el vídeo que hace unos días se reprodujo cientos de miles de veces en Internet (hasta lo emitió TVE) en el que se veía cómo unos jóvenes españoles que trabajaban en el extranjero volvían por sorpresa a la casa materna y se abrazaban a sus progenitores en medio de llantos y gritos en un tono de anuncio navideño de Nescafé, si un estadounidense lo viera, digo, no podría entender en dónde residía el drama. EL ARTICULO SIGUE AQUI >> 

 

Víctimas

miércoles 30 de octubre de 2013  

Tenemos un problema. Serio. No sabemos gestionar los conflictos. Mientras que para explicar un asunto como el de Cataluña se apela abusivamente a los desencuentros sentimentales con el resto de España, como si habláramos de una crisis amorosa, cuando lo que abordamos es una cuestión política; se hace justo lo contrario para manejar las relaciones de la sociedad civil con las víctimas del terrorismo. Y es que se les negó el cariño y la solidaridad pública durante tantos años que al final los acabamos lanzando en brazos de los partidos políticos. EL ARTICULO SIGUE AQUI >>

 

Ellas Nos Mantienen Vivos

sábado 26 de octubre de 2013  

Por razones de corte estrictamente familiar, me he visto esta semana inmersa en la celebración de los Premios Príncipe de Asturias. Además de disfrutar de paseíllos plácidos por las calles que albergaron la pasión de Ana Ozores y de dar cuenta de su extensa y excelsa gastronomía, he asistido a algún que otro acto cultural, para que no se dijera. En uno de esos eventos, el público llenó un auditorio del actualmente polémico arquitecto Calatrava. Llenar un auditorio de Calatrava tiene un mérito enorme porque ya se sabe que los arquitectos estrella tienden a diseñar palacios de congresos en los que cabe más gente que habitantes tiene la propia ciudad en la que se construyen.
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Se tienen ganas

domingo 20 de octubre de 2013  

Hay una necesidad imperiosa de hablar y de ser escuchado. Pero también de gritar, de insultar, de despreciar, de maldecir, de vengarse, de discutir, de liarse a empujones, de tomar a ciertos individuos por las solapas y zarandearlos. Hay ganas de insultar, de manifestarse, de ir a la puerta de los juzgados a vocear contra un acusado o contra una juez. Hay urgencia por abuchear a personajes públicos. Hay un deseo de que algo se construya, de sentir que algo nos sosiegue el ánimo, pero también hay ansias de destrucción que se tornan indiscriminadas, un deseo mórbido de que se acabe “esto” de una puta vez, aunque no sepamos muy bien qué es esto de lo que estamos hablando. Hay ganas de escuchar, sí, pero muchas menos que de soltar el mitin. Hay ganas de acudir a una conferencia que trate de lo que nos está pasando para que el conferenciante nos dé la razón y resarcirnos luego en el turno de palabra para poner los puntos sobre las íes. EL ARTICULO SIGUE AQUI >> 

 

Defensa de Madrid

lunes 14 de octubre de 2013  

A Madrid le falta un relato”. Es una frase que leí el otro día en un artículo que trataba de ladecadencia de Madrid. De no ser porque es una expresión que escuchamos a diario en boca de políticos y analistas hubiera pensado que a los autores del texto les faltaban lecturas, porque de Mesonero Romanos en adelante si algo tiene esta ciudad son relatores: Camba, Chaves Nogales, Gómez de la Serna, Pérez Galdós, Benet, Alfonso, Antonio López, Arturo Barea, Caro Baroja, García Hortelano, Chacel, Martín Santos, Valle-Inclán, Josep Pla, Arniches, Manuel Longares, Francisco Umbral, etcétera. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ 

 

El Patrón del Mal

sábado 5 de octubre de 2013  

Soy adicta a las series televisivas, pero esa afición, que a veces ha tornado en enfermiza, no me ha llevado a sentir nunca una necesidad imperiosa de verlas antes de que se emitan en mi país. Es decir, que mis ansias de ficción no deben ser tan extraordinarias como las de todos aquellos que, incapaces de controlar su deseo de estar al día, se las bajan y las entienden, si son en inglés, gracias a unos subtítulos escritos por un Robin Hood de la traducción. EL ARTICULO SIGUE AQUI >> 

 

Borbón e hijos, S.L

domingo 29 de septiembre de 2013  

Siempre me han atraído los negocios familiares: cómo los mayores instruyen a sus hijos desde niños en los secretos del oficio y cómo, después de que estos superan la adolescencia, van cediéndoles el paso para que en un futuro puedan gobernar la empresa. En mi familia ha habido un negocio familiar muy notable: un horno de pan que surtía de todo tipo panes, madalenas, tortas y monas a un rincón de España, el Rincón de Ademuz. Me maravillaba contemplar de niña cómo mi tío panadero iba incorporando de manera natural a mis primos en los madrugones, en la fabricación del pan o en el trato a los clientes. A pesar de que los rigores del oficio mantenían a los hijos trabajando cuando los demás estábamos de vacaciones, yo sentía envidia de esa armonía familiar, de ese esfuerzo en el que arrimaba el hombro todo el mundo. EL ARTICULO SIGUE AQUI >> 

 

El Genio Y Sus Musas

lunes 23 de septiembre de 2013  

Sí, las chicas éramos más proclives a la ensoñación romántica con posibilidad de entrega (física) total. No sé si eso sigue siendo así, pero hace unos cuantos años, tantos como aquellos que tiene la democracia, las chicas de instituto que padecíamos la enfermedad de la literatura nos hubiéramos rendido al primer autor que hubiéramos visto en carne mortal. Qué peligro. Mi instituto no pillaba muy lejos del Café Gijón, de tal forma, que todos aquellos escritores del bando rijoso que calentaban allí la silla esperando seducir a las pocas muchachas jóvenes que entonces se atrevían a entrar, podían haber emprendido el camino del Paseo del Prado (si hubieran sido menos diletantes), haber subido la Cuesta de Moyano y luego esa otra cuesta más empinada que conduce al Observatorio Astronómico de Madrid. Detrás del Observatorio, en el propio parque del Retiro, como si fuera el edén soñado de cualquier mente proclive a las Lolitas, se escondía el instituto (entonces femenino) Isabel la Católica. Las había que soñaban con los muchachos del Colegio de Obras Públicas, que exudaban salud y chulería, y las había que leían… Estas últimas hubieran sido capaces de entregar su juventud a los cuidados de un poeta tísico. Pero, por suerte, para ellas, ya digo, a los escribidores les podía la pereza o el convencimiento de que eran las jóvenes las que debían acercarse al café, y la tapia del instituto solo era rondada por unos pajilleros que huían atemorizados de los gritos de las chicas o algún novio formal. No estábamos menos locas las groupies literarias que las musicales, aunque la groupie musical acababa teniendo más mundo por aquello de que la música viaja mejor y tiende menos al retestinamiento provinciano. EL ARTICULO SIGUE AQUÍ 

 

Un Silencio Elocuente

lunes 16 de septiembre de 2013  

Me escribe un escritor. Me escribe y me confiesa que, superado por los acontecimientos, está pensando en irse a vivir fuera de España. O por concretar, fuera de Cataluña, para regresar si acaso en ese futuro quién sabe si cercano en que la vida haya dejado de convertirse en un referéndum permanente y no se le exija al ciudadano una definición sustancial, no ya como votante, sino como ser humano obligado a indagar en los sentimientos que le unen a esta o a otra tierra. EL ARTICULO SIGUE AQUI 

 

Un Rancio

domingo 8 de septiembre de 2013  

Del que fuera alcalde de Madrid Tierno Galván se decía que aquella imagen de viejo bondadoso y poco amigo de las ambiciones humanas era una actitud meditada que él mismo se había confeccionado a medida para conquistar multitudes. Que ni era tan viejo (aunque lo pareciera desde joven), ni bondadoso (había saldado con frialdad sus deudas con el pasado), ni aquel tono de humildad correspondía a su verdadero ser. Los que le narraron después de muerto cuentan que don Enrique se calzaba el terno gris con el que aparecía en público como Clark Kent se ponía el traje de Superman, y que, puesto el disfraz, ya estaba hecho el personaje. EL ARTICULO SIGUE AQUI >>

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