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No me llames letrasado

Sábado 22 de abril de 2017  


Leo El corazón es un cazador solitario,de Carson McCullers, y pienso que esta pequeña historia situada en una ciudad industrial de Georgia y publicada en 1940 me está contando, a través de una prosa deslumbrante y una gran perspicacia psicológica, la raíz de la herida del racismo en los Estados Unidos y la relación entre dos categorías de pobres, los negros y los blancos. Escucho Strange Fruit, por Billie Holiday, compuesta en 1939, y siento que en su letra, en sus notas, está contenida la lucha de los derechos civiles y se hace visible el más vergonzoso pecado americano: los linchamientos del Ku Klux Klancon el aplauso de la buena gente del sur. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->> 

 

EL VERANEO INTERRUMPIDO DE BERTÍN OSBORNE

Viernes 7 de abril de 2017  


Creo que fue Manuel Vicent el que dijo que “Bertín Osborne es el clásico tío que ha venido a este mundo a veranear”. Juas. Fantástica definición. A mí Bertín Osborne me caía bien cuando se ajustaba en rigor al retrato de Vicent.Era, en mi opinión, un hombre necesario: esa clase de individuo que está bronceado en enero, que sabe bailar sevillanas, que tiene el hombro hecho para las buenas barras, que si trabaja no lo parece, que saluda al dueño del restaurante con redoble de palmadas en la espalda, que es un truhán, pero que a su vez es un señor…

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BUENISTAS SIN FRONTERAS

Sábado 25 de marzo de 2017  


Desconfío, por principio, de personas que creen saberlo todo y, que no bastándoles con proclamar a los cuatro vientos su conocimiento universal, añaden que aquellos que piensan de manera diferente son gilipollas. Decía Grace Paley que una de las condiciones para escribir una buena novela es no creerse superior a los personajes; yo diría que una de las condiciones a las que debemos atenernos las personas que expresamos nuestra opinión en una columna es no creernos superiores a nuestros lectores. Gilipollas hay muchos, pero por qué no estar abierto a la posibilidad de que en ocasiones el gilipollas puede ser uno mismo. Hace poco, un buen amigo lector me escribió: “no te digo más cosas buenas porque no quiero herir tu humildad”. Me pareció una observación llena de sabiduría: una dosis de humildad en este oficio es tan necesaria como otra de vanidad. EL ARTICULO SIGUE AQUÍ ->> 

 

Adiós, Gran Vía

Sábado 18 de febrero de 2017  


Según me voy acercando desde Cibeles a la Gran Vía, los jueves por la tarde, me pregunto cómo estará la cosa para acceder a la radio. ¡Eh, no exagero, no es tarea fácil! Un gentío abraza al contorno del edificio para entrar a ese emporio del low cost al que sabemos son aficionadas algunas diputadas. El sueldo no les da, ya lo dijo Esperanza, para comprarse ropa a su precio justo. Veo a la muchedumbre subir y bajar por esos dos grandes raíles de empinadas escaleras mecánicas y recuerdo que en el día de su abarrotada inauguración tomé una foto desde abajo, la colgué en Instagram, y escribí un escueto pie: “¿Por qué?”. Me llevé una severa reprimenda de varios seguidores que consideraban pija y arrogante mi actitud. Hay que ver la agresividad que hoy en día puede provocar un simple “Por qué”. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->> 

 

Un Amor de Galdós

Sábado 11 de febrero de 2017  

Hay tres posibilidades en el futuro de una mujer: “El casorio, el teatro, o lo otro…”. Son palabras de la joven Tristana, el personaje de Galdós, a la que su madre entrega, en el lecho de muerte, al cuidado de don Lope, un solterón a las puertas de la vejez, que aprovechándose del desamparo de la muchacha, la seduce y la convierte en su amante. Repaso sus páginas antes de salir para el teatro Fernán Gómez, donde una Olivia Molina, llena de gracia, interpreta al personaje más vibrante de Galdós. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->> 

 

Cuentos Para Niños Morbosos

Viernes 13 de enero de 2017  


Hay adjetivos que van y vienen, que se ponen de moda y que de pronto están en boca de todo el mundo y hay que ir buscando otros de repuesto. Es lo que le ha pasado a “viejuno”, por ejemplo, que ha habido que volver al socorrido “rancio” de toda la vida, porque viejuno se estaba quedando viejuno en tiempo récord. Estos días pasados me vino a la boca un adjetivo que estuvo muy en boga en mi adolescencia. Hablo de “morboso”. Hablar de algo o de alguien que tenía “morbo” era sumarle cien puntos a su supuesto atractivo. No se ha desterrado su uso, lo sé, pero ya no tiene el componente tan gustoso de lo secreto que al menos yo tanto saboreé. Porque hay palabras que al pronunciarlas se convierten en indefinidas promesas de felicidad. Las chicas señalábamos a los que tenían morbo, y secretamente nos gustaba que alguien pudiera pensar que nosotras lo desprendíamos. Advierto que este adjetivo está atravesando un momento crítico porque hay un espíritu censor en torno a todo lo referido al sexo que convierte en inmoral lo que en tiempos se llamó “lo prohibido”, otra palabra que amaba mi calenturienta mente juvenil. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->> 

 

Ya Eres Mujer

Viernes 6 de enero de 2017  


Fue una de aquellas noches de Reyes que pasábamos en el pueblo. Ya tenía edad para saber la verdadera naturaleza de los Magos de Oriente, pero vivía con idéntica ilusión la expectativa de lo que me encontraría a la mañana siguiente. La infancia tarda en irse. A pesar de que sobre los ocho años nos enfrentamos a la idea espantosa de la muerte y de que, antes aun, los hermanos mayores nos soplen al oído quiénes son los Reyes, hay una reticencia a abandonar el pensamiento mágico. La niña que acostumbraba a hablar con sus muñecos, haciendo de madre, maestra o amiga, raramente abandona esa costumbre y conservará en un rincón discreto de su casa de adulta a esos seres que habrán de cobrar vida en cuanto estén en brazos de una criatura que los rescate. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->> 

 

Y el Goya es para…

Sábado 31 de diciembre de 2016  


Dicen los que saben, psicólogos y poetas, que aquello que más te molestaba de un ser querido que has perdido es lo que finalmente acaba enterneciéndote. Con el tiempo, lo que nos irritaba se convierte en una característica entrañable en ese anecdotario evocador que mitiga la pena. A mí, de mi padre me molestaba que lo guardara todo. No es que fuera un Diógenes del montón, él no andaba hurgando en los contenedores (creo), a mi padre le bastaba con venir a casa y llevarse aquello de lo que suponía que te ibas a deshacer. Yo aprovechaba esa tendencia y cada vez que venía de un viaje con un premio escultórico se lo daba. A él le encantaba ver mi nombre grabado en una placa, y eso es lo que me conmueve. Pero que yo le donara mis trofeos no era incompatible con que alguna vez le dijera que tenía que deshacerse de tanta cacharrería. Así de ingratos somos los hijos. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->> 

 

TÚ ERES TONTO, CHAVAL

Sábado 24 de diciembre de 2016  


Hablábamos de cine y humor y el tema se desvió, mejor dicho, se topó con el asunto del momento: la indignación y los límites de la libertad de expresión. Hay un tipo del que yo no sabía nada hasta hace una semana que de pronto saltó a todas las bocas que frecuentan las redes: Cremades, un joven barbado que hace vídeos de chistes bobalicones con tufillo rancio machistoide.Vi dos o tres gracietas y ya. Al parecer, se trataba de alguien muy popular entre aficionados al chiste (no me encuentro entre ellos porque los chistosos me exasperan). Resultó que el tal Cremades dijo en una entrevista que también había hombres violados (en las prisiones), incluso más que mujeres y que de eso no se decía nada. Una idiotez de alguien que no tiene muchas luces. Pero se lio parda. A las bobadas de Cremades siguió la condena en la plaza pública virtual. El chistoso pidió perdón, suplicó el indulto, y al poco la furia se apagó hasta el próximo combate. EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ ->> 

 

Esto Nos Puede Pasar

Sábado 26 de noviembre de 2016  

Al día siguiente de las elecciones americanas, dije en la radio que las sorpresas que nos estamos llevando algo tienen que ver con el desconcierto del periodismo frente a un universo cibernético que nos presenta solo aquello que deseamos escuchar. Noté una cierta incomodidad en mis compañeros de tertulia. Algo así como, encima de que estamos en crisis ahora la culpa la tenemos los periodistas. No, los periodistas uno a uno, no. Pero es obvio que algo falla. El lector no busca la verdad sino la confirmación de sus convicciones. Y las grandes compañías, que trafican con nuestros datos y nos conocen ya más que nuestra pareja, nos tientan con las páginas en las que encontraremos unas opiniones que coincidan felizmente con las nuestras. Es aterrador.

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