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Los Abrazos de Miguel

jueves 25 de noviembre de 2010  

«Este artículo se publicó en la revista Marie Claire, con fotos de nuestro Xavi. Cada mes aparecerán estas pequeñas semblanzas de amigos. Un diario escrito entre Madrid y Nueva York»

Toda la vida evitando coger peso para que no me doliera la espalda (en un futuro) y acabo yendo al gimnasio para levantar pesas a fin de que no me duela la espalda (en un futuro). Todavía no he logrado saber porqué las bolsas de la compra te hacen polvo y las pesas gimnásticas te endurecen los huesos. Recuerdo que esto era lo que iba pensando una mañana del invierno pasado, subiendo por Broadway, destrozada después de una hora en la sala de fitness: cómo es posible que ese acabamiento momentáneo que me ha producido el ejercicio sirva para frenar mi acabamiento vital. Estaba pálida después de la ducha. Llevaba el pelo medio mojado, cargaba una bolsa de deporte y unas zapatillorras MBT para subir andando hasta casa. De pronto, alguien me llamó desde un Starbucks. Una voz querida. Era la de Miguel Poveda, que junto a otros amigos, entre ellos el guitarrista Chicuelo, tomaban un café de media mañana. Me habían visto pasar veloz por delante de la cristalera y salieron corriendo a por mí.

Nos abrazamos. Miguel había estado la noche anterior en el estreno neoyorkino de “Los abrazos rotos”, la película en la que él borda esa gran copla que es “A ciegas”. Qué fácil es abrazar a Miguel. Miguel te planta los labios en la mejilla, te aprieta fuerte, te envuelve. Igual que te envuelve cuando canta. Con la misma calidez, igual desenvoltura, igual generosidad. Recuerdo que le dije, “!cuántas veces nos habremos visto ya en Nueva York!”. “Uf, me dijo, más que en España”. La voz de Miguel y su sonrisa están unidos a esa vida rara que yo llevo entre dos ciudades. Fue hace ya bastante años cuando Antonio me dijo que había descubierto, escuchando la radio en un taxi, a un muchacho joven que cantaba flamenco como un hombre. Se llama Poveda, dijo. Y nos compramos el primer disco. Antes de que sospechara que algún día seríamos amigos su voz me acompañó muchas veces durante mis paseos neoyorkinos: nadie sabe lo buenas que son las bulerías para andar a paso ligero. Luego vinieron los conciertos manhatteños: la emoción de comprobar que el “muchacho” era ya un artista reconocido y cómo el público de otro país vibraba con su voz y le pedía un bis, y él, el artista más generoso y disfrutón que yo he visto en un escenario, se dejaba convencer una vez y otra. Me viene a la cabeza especialmente aquella noche en el Jazz Club Coca Cola, un lugar donde se dan cita los músicos más reputados del jazz. La parte trasera del escenario es de cristal, así que mientras Miguel cantaba unos versos de Lorca, veíamos de fondo, como si fuera un cuadro viviente, el resplandor del amarillo de los taxis, las luces de la ciudad y la negrura nocturna de Central Park.

Nuestra amistad se fue forjando en los encuentros sucesivos en esa otra ciudad mía. A veces pienso que si no nos hubiéramos encontrado en Nueva York, en esos momentos en los que, fuera de tu tierra, abres más tu corazón, no seríamos amigos. Pero como me da pena imaginarme a estas alturas una vida de la que no formaran parte esos abrazos tremendos de Miguel, trato de convencerme de que de una forma u otra el destino me hubiera conducido a esa persona de arte y sonrisa sin reservas. Puede que lo especial sea eso, que su amistad se ha ido construyendo en mis dos mundos, el familiar y el ajeno, y eso me hace quererle doblemente.

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8 respuestas a: Los Abrazos de Miguel

Vicente Dice: jueves 25 de noviembre de 2010

Genial cantaor , una suerte que lo hayas conocido asi , de manera casual y poco a poco aumentando la amistad a base de encuentros y admiraciones mutuas . Claro , supongo que lo mismo pensará él de tí , de tu amistad y de como recibes sus abrazos jeje . – Da gusto leerte siempre .

Sonia Sierra Dice: jueves 25 de noviembre de 2010

Qué maravilloso es Miguel, que ser tan divino, qué artista tan grande.

Javier Dice: jueves 25 de noviembre de 2010

Hola tienes razón en lo generoso que es Miguel,hace poco estuvo en Cantabria en un pequeño teatro y alargó el concierto, afortunadamente durante más de 30 minutos, cantanto ese artista todo lo que su público le pedia..olé ole y ole su arte

Gota de agua Dice: viernes 26 de noviembre de 2010

Sí, en «Los abrazos rotos» hace un buenísimo trabajo.
Quizás sean los abrazos los que unen vuestra amistad, ¡quien sabe!

Nunca he tenido oportunidad de decírtelo, y ahora que la tengo lo hago: ¡Muchísimas gracias!
El agradecimiento viene a cuento de que gracias a ti y a «Manolito gafotas» y todos sus libros, empecé a leer. Sí, claro que aprendí mucho antes a leer, pero no disfrutaba de la lectura, no me reía a carcajada limpia, y no tenía esa necesidad de continuar el libro y de no poder soltarlo hasta acabarlo.
Y desde entonces la lectura se ha convertido en una de mis pasiones. Una vez más, gracias, por conseguir lo que durante años mis profesores del colegio no supieron conseguir.
En poco tiempo yo seré profesora, y ya sé que libros recomendaré a mis alumnos.
Un cordial saludo

Gran éxito de la gala “A modo de esperanza” y otras noticias de interés | Miguel Poveda Dice: jueves 2 de diciembre de 2010

[…] Lo comentan en prensa artículos de Alberto García Reyes en ABC Sevilla: A modo de esperanza y de Manuel Martín Martín en El Mundo: Miguel Poveda, esperanza de la esperanza. Además destacar también por su interés el artículo que publica en ABC Antonio Burgos: De Valderrama a Miguel Poveda  y el artículo de Elvira Lindo: Los abrazos de Miguel.   […]

Ester Dice: miércoles 5 de enero de 2011

Tenia catorce años cuando leí Manolito gafotas. Para entonces yo ya era una apasionada de la lectura, disfrutaba leyendo con ansia todo lo que pasaba por mis manos. Nunca había oído tu nombre cuando mi profesora de literatura me prestó el libro. Qué sorpresa me llevé quando eran las 4 de la madrugada! No lo podia creer, el libro me absorbió, no podia dejar de leerlo.
Debo felicitarte. Creo que jamás he vuelto a reir tanto con un libro, fue fantástico.
Qué gran sorpresa cuando un dia encendí la televisión, y allí estabas, tomando un Bloody Mary con Anabel Alonso, en Nueva York!
Soy una gran enamorada de Nueva York, espero poder vivir allí algun dia… No tenia ni idea de que vivieras allí. Supongo que el trabajo te lo exige.
Te deseo lo mejor.

Maribel Dice: jueves 13 de enero de 2011

Hace más de un mes, tras leer este artículo se lo reenvié a mi hija, también lectora tuya desde su infancia, y que estaba preparando con mucha ilusión su viaje a NY para una estancia de dos meses, probablemente los más fríos de la ciudad.
Aquel mensaje llevaba en la posdata: “lo mismo algún día te encuentras a la Lindo”, así te llamamos con «la» por delante.
Y hoy, ya instalada en su apartamentillo y tomándole el pulso a la ciudad, nos escribe poniéndonos al corriente de los precios de las frutas y las verduras, del hipercarísimo y bello mercado de la Estación Central, de los escaparates que inmediatamente han olvidado la navidad y se han visto inundados de corazones rosas, de sus primeras visitas culturales en horas de asueto, del callejeo por las famosas avenidas, etc.
Y me he reído mucho porque en su posdata me dice: “Por cierto madre, todavía no he visto a Elvira Lindo!!!”
Abrazos.

La libertad de Miguel Poveda « La buscadora Dice: viernes 16 de noviembre de 2012

[…] y clasista, porque ese cariño que todos los que lo han visto conocen, hace que nos haga felices compartirlo, que se propague el amor Poveda. En esta época en la que es tan difícil vender, estar y quedarse, […]

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